Redacción: Litzury Gamboa
La fórmula utilizada por Donald Trump para calcular aranceles comerciales ha generado controversia, especialmente al afectar a naciones con economías más frágiles. A pesar de la burla pública por los aranceles impuestos a lugares remotos como las islas Heard y McDonald, habitadas en su mayoría por pingüinos, la fórmula está afectando con mayor gravedad a países en desarrollo.
Este sistema se basa en una relación matemática entre el déficit comercial de Estados Unidos con un país y sus exportaciones a este país, resultando en aranceles recíprocos que afectan principalmente a las economías más pobres. Su aplicación ha tenido consecuencias graves para las economías de África y el Sudeste Asiático, donde los aranceles podrían frenar aún más el desarrollo económico.
El cálculo arancelario, que incluye un piso de 10%, ha llevado a que naciones como Madagascar con un PIB per cápita muy bajo, enfrenten aranceles altísimos, del 47%. En este caso, una economía pequeña no puede competir con el mercado estadounidense. Por otro lado, en países ricos, como la Unión Europea, que ha sido afectada gravemente, enfrentando un arancel del 20%, significativamente más alto que la tasa promedio de la OMC. La confusión sobre la metodología detrás de estos cálculos ha alimentado el debate sobre su equidad y efectividad.
A pesar de las críticas, la Casa Blanca defendió el sistema y explicó que la fórmula busca reflejar todas las barreras comerciales, tanto arancelarias como no arancelarias, de cada país. Sin embargo, algunos economistas han señalado que la fórmula en realidad reduce a un simple cociente entre el déficit comercial de Estados Unidos y las exportaciones de cada nación, lo que ha puesto en duda su complejidad y justificación.
