Redacción: Litzury Gamboa González
El amor, aunque parece una experiencia emocional, tiene una base biológica impulsada por diferentes hormonas. La dopamina, la oxitocina y la serotonina son las tres principales sustancias químicas que influyen en cómo nos enamoramos. Aunque experimentamos emociones como euforia, deseo y apego, en realidad, todo esto es el resultado de complejos procesos neuroquímicos en el cerebro.
La dopamina juega un papel clave en la atracción y el placer. Cuando nos sentimos atraídos por alguien, esta hormona se libera y genera sensaciones de euforia, motivación y deseo. Esta fase inicial de enamoramiento es similar a la adicción, ya que el cerebro asocia a la persona que nos atrae con sensaciones placenteras. Sin embargo, con el tiempo, la liberación de dopamina disminuye, lo que lleva a una fase más estable del amor.
A medida que la relación avanza, la oxitocina se convierte en la protagonista. Esta hormona, liberada durante el contacto físico y la intimidad, está asociada al apego emocional y la confianza. Además, ayuda a reducir el estrés y la ansiedad, y juega un papel crucial en la fidelidad y el compromiso a largo plazo, permitiendo que las parejas se vinculen emocionalmente más allá de la atracción inicial.
Finalmente, el proceso termina con la serotonina, la cual regula nuestro estado de ánimo y se comporta de manera particular durante las primeras fases del enamoramiento. Al principio, los niveles de serotonina son bajos, lo que puede generar pensamientos obsesivos y ansiedad, sin embargo, a medida que la relación madura estos niveles aumentarán, ayudando a restaurar el equilibrio emocional. Es en este momento cuando el amor por fin se estabiliza, con una menor dependencia de la dopamina y una mayor presencia de oxitocina y serotonina.
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