¿Y si hubiera otras formas de estar en el mundo? 

Por Deborah Buiza  Durante muchos años —quizá los primeros veinte de mi vida— estuve convencida de que no me gustaba el deporte, que hacer ejercicio no era lo mío y que, de plano, no tenía aptitudes para ello. La vida se encargó de mostrarme lo equivocada que estaba: hoy disfruto ejercitarme y, aunque no soy, ni seré, una atleta de alto rendimiento, entendí que mover el cuerpo sí es para mí.  Por unos treinta años también me creí el mito del amor romántico. Le aposté muchísimas canicas al tema y gasté bastante tiempo, energía y recursos emocionales…