Redacción: Samuel Giraldo
Estados Unidos anunció un esquema de autorizaciones que permitirá operaciones con crudo proveniente de Venezuela hacia Cuba, siempre y cuando no beneficien a estructuras estatales o militares.
En un giro inesperado dentro de la política exterior de Estados Unidos, la administración del presidente Donald Trump anunció este 25 de febrero de 2026 una medida que representa un alivio parcial para la crisis que atraviesa Cuba. El Departamento del Tesoro de Estados Unidos informó que emitirá licencias que permitirán la venta y reventa de petróleo venezolano y sus derivados hacia la isla, pero bajo estrictas condiciones, estas transacciones deben apoyar al pueblo cubano y, sobre todo, no beneficiar a entidades vinculadas al gobierno o a los militares de Cuba.
La política de concesión de licencias, según explican los documentos oficiales, está diseñada para respaldar exclusivamente operaciones que aporten al bienestar de los ciudadanos y al sector privado cubano, como exportaciones con fines comerciales o incluso humanitarios. En contraste, cualquier transacción que implique o favorezca a organizaciones del Estado, las fuerzas armadas o los servicios de inteligencia de Cuba quedará fuera de este esquema de flexibilización.
Este cambio en la postura estadounidense llega después de meses de tensiones causadas por una casi total interrupción en el suministro de combustible hacia Cuba, provocada por decisiones de la propia administración de Trump. A principios del año, el gobierno estadounidense impuso prácticamente un bloqueo petrolero informal contra la isla al amenazar con sanciones o aranceles a los países que continuaran enviando crudo a La Habana, lo que llevó a naciones como México a suspender sus tradicionales envíos de petróleo.
La consecuencia de esas restricciones fue devastadora para Cuba, un país que depende casi por completo de las importaciones de hidrocarburos para generar y electricidad y alimentar su maquinaria productiva. La falta de combustible desencadenó cortes masivos de energía, y a mediados de febrero hasta un 64% del país se quedó sin luz, una de las peores crisis energéticas en décadas. Expertos estiman que la isla necesita entre 100,000 y 110,000 barriles diarios para satisfacer su demanda, mientras que su producción local apenas roza los 40,000 barriles, cifra que se completaba con las importaciones de Venezuela y México.
La situación interna en Cuba también ha tenido impactos dimplomáticos. La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, había decidido inicialmente no enviar más petróleo a la isla tras compromisos con Estados Unidos, una situación que ahora podría revertirse gracias a las nuevas licencias. Además, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, confirmó negociaciones con Washington para encontrar un equilibrio que permita reanudar suministros sin arriesgar sanciones.
Por otra parte, otros actores globales como Rusia han mostrado interés en suplir combustible a Cuba. El viceprimer ministro ruso, Alexandr Nóvak, declaró que existen propuestas en evaluación por parte de su gobierno para ayudar con el suministro energético, un tema que también se abordó durante un encuentro entre el canciller cubano Burno Rodríguez y altos funcionarios rusos, incluido el presidente Vladimir Putin. Estas maniobras reflejan las complejas dinámicas que rodean al Caribe y a América Latina, donde Estados Unidos, Rusia y otros países buscan influir en la crisis energetica y politica de la región.
La decisión estadounidense de autorizar parcialmente la venta de petróleo venezolano a Cuba con restricciones específicas representa un cambio sensible en una política que había profundizado la crisis energética en la isla, intentando siempre beneficiar directamente a la población civil dejando por fuera al poder estatal y militar.

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