Redacción: Astrid Sánchez
Un equipo de Alemania consiguió restaurar la funcionalidad de un tejido cerebral de ratón tras ser sometido a crio preservación extrema. Mediante el método de vitrificación, las muestras recuperaron su capacidad para transmitir impulsos eléctricos, abriendo nuevas posibilidades en la neurociencia.
La frontera entre la ciencia ficción y la realidad médica se ha vuelto más estrecha gracias a un logro sin precedentes en el campo de la neurociencia. Un equipo de investigadores pertenecientes a la Universidad Friedrich-Alexander de Erlangen-Núremberg, ubicada en Alemania, logró restaurar con éxito la actividad funcional en el hipocampo de un ratón adulto después de que dicho tejido fuera sometido a un riguroso proceso de crio preservación. Almacenado a una temperatura extrema de -196 grados Celsius, el material biológico recuperó su estructura celular y su capacidad metabólica, desafiando las leyes conocidas sobre la supervivencia tras la inmovilización molecular total.
Para alcanzar este nivel de preservación, los científicos tuvieron que descartar los métodos de congelación tradicionales. Habitualmente, cuando el agua presente dentro de las células se enfría, se transforma en cristales de hielo puntiagudos que perforan las membranas y destruyen de manera irreversible las delicadas conexiones sinápticas. Como alternativa, el equipo liderado por el científico Alexander German empleó una técnica avanzada denominada vitrificación. Este procedimiento consiste en sustituir gran parte del agua del tejido por una solución crio protectora especial llamada V3, la cual contiene compuestos estabilizadores como dimetilsulfóxido y etilenglicol. Gracias a esta mezcla, el material no se congela, sino que adquiere un estado sólido similar al vidrio protegiendo su integridad.
Los resultados publicados recientemente en la prestigiosa revista Proceedings of the National Academy of Sciences, superaron las expectativas del entorno académico. Tras reanimar las muestras, la microscopía avanzada reveló que las neuronas, dendritas y mitocondrias se mantenían en condiciones comparables a las de un tejido fresco. Aún más sorprendente fue el hallazgo durante las pruebas electrofisiológicas, las células respondían adecuadamente a los estímulos, generando señales eléctricas y demostrando la preservación de la potenciación a largo plazo, un fenómeno celular que resulta indispensable para los procesos de aprendizaje y la formación de memoria.
A pesar del rotundo éxito en cortes de tejido específicos, los investigadores advierten que la aplicación de este método en cerebros completos aún enfrenta barreras mayúsculas. El principal obstáculo fisiológico es la barrera hematoencefálica, una estructura que dificulta enormemente la penetración uniforme de los líquidos crioprotectores en todo el órgano, en sus ensayos con cerebros enteros, solo uno de cada tres intentos logró mantener una actividad viable, revelando además que distintas zonas reaccionan de forma desigual al tratamiento. Aunque este avance no valida las teorías de la criónica humana tras la muerte biológica, sí representa una revolución inmediata para los laboratorios, pues permitirá compartir muestras funcionales a nivel global, optimizando la investigación y reduciendo la necesidad de utilizar animales en experimentos futuros.

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