Redacción: Maggi Arreola Paola
Fitch Ratings señala que el incremento de la deuda pública de México al 54.5% del PIB, junto con la fragilidad fiscal, genera presión sobre la calificación crediticia del país. Esto se debe a los riesgos asociados al grado de inversión y al impacto que los pasivos de Pemex podrían tener en la economía mexicana hacia 2026.
La estabilidad financiera de México enfrenta un momento crucial tras la reciente advertencia emitida por Fitch Ratings. La calificadora ha señalado que el aumento en la relación entre la deuda y el Producto Interno Bruto (PIB) podría poner en riesgo la calificación crediticia del país. Este panorama se debe, en gran parte, al debilitamiento de la posición fiscal durante el último año, así como a la ausencia de estrategias definidas para estabilizar los compromisos financieros a largo plazo.
El informe detalla que la deuda pública alcanzaría el 54.5% del PIB en 2025, una cifra que refleja principalmente la decisión del Gobierno Federal de asumir parte de los pasivos financieros de Pemex con el objetivo de aliviar la carga financiera de la empresa estatal. Si bien esta medida se planteó como un esfuerzo interno para equilibrar las cuentas del sector público, Fitch advierte que se trata de un elemento que eleva la presión sobre las finanzas del país, acercándolo al umbral crítico del 57% establecido para países con una calificación ‘BBB’.
En un intento por contrarrestar estos riesgos, el gobierno ha adoptado políticas de austeridad, incluyendo recortes en la inversión pública y un aumento en la recaudación fiscal. No obstante, estas medidas parecen insuficientes frente a problemas estructurales como el creciente gasto en pensiones y los elevados costos del servicio de la deuda. La calificadora subraya que, sin una reforma fiscal de fondo, será complicado reducir el déficit de manera sostenida y garantizar la estabilidad a largo plazo de las finanzas públicas.
Pese a este análisis cauteloso, no todo es negativo. Fitch asegura que, mientras no se presenten choques económicos imprevistos, la pérdida del grado de inversión no es un riesgo inminente. De hecho, un crecimiento económico más sólido —alentado por resultados favorables en las negociaciones del T-MEC o un aumento en las inversiones extranjeras— podría aliviar la presión sobre la deuda pública y mejorar la percepción de los mercados internacionales sobre la economía mexicana.

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