Redacción: Michelle Velázquez Belmont
Descubre qué ciudades dominarán la economía mundial en 2026. Singapur, Dubái y Pekín lideran el índice de competitividad global. Analizamos el nuevo mapa del poder.
Dentro de la Reunión Anual del Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, SSI (SuperSymmetry Institute) mostro el informe sobre el índice de competitividad de las ciudades del Sur Global y el Driving Urban Advantage in the Next Economy (GS-CCI 2025-2026) en la que se evalúa una comparativa exclusivamente diseñada para las ciudades en el sur global.
Se evalúan 48 ciudades dentro de 3 pilares: Competitividad urbana, entorno empresarial y atractivo de inversión globales con ayuda de un marco de inteligencia humana urbana multicapa, el cual registra más de 25 millones de datos y 257 indicadores y cinco polos económicos para lograr evaluar la capacidad económica e institucional.
Se clasifican cinco niveles de competitividad.
- Líder
- Avanzada
- Emergente
- En desarrollo
- Naciente
Así logrando dividir las ciudades líderes (Las cuales se caracterizan por tener una sólida alineación entre los centros económicos, empresariales, la capacidad de gobernanza y productividad) y las ciudades en niveles inferiores (enfrentan limitaciones estructurales más profundas, como la eficacia de la gobernanza, las condiciones empresariales y la preparación para la inversión).
Entre las ciudades lideres se encuentran
- Singapur
- Nueva York
- Londres
- Dubái
- Pekín
Representan un buen rendimiento el cual se puede comparar con los líderes mundiales y muestran distintos niveles entre la ambición, las condiciones propias y la capacidad de ejecución de desarrollo.
La competitividad global presenta un panorama de contrastes marcados, donde Norteamérica se mantiene como el referente absoluto con una puntuación media de -64, gracias a su madurez financiera e institucional. En el Sur Global, Asia Oriental lidera el avance (59.9) con Pekín compitiendo directamente con Silicon Valley en innovación, mientras que la región de MENA (50.1) demuestra como ciudades como Abu Dabi han escalado niveles mediante reformas estratégicas e inversión soberana. En contraste, el Sudeste Asiático y el Sur de Asia muestran realidades mixtas, con núcleos tecnológicos como Bengaluru sobresaliendo frente a carencias regionales en infraestructura. Finalmente, aunque América Latina, África Subsahariana y Eurasia registran los índices más bajos por desafíos persistentes, urbes como Santiago y Ciudad del Cabo emergen como modelos de estabilidad y creatividad regional.
El índice GS-CCI también nos ayuda a evaluar a 48 metrópolis mediante un robusto análisis de 25 millones de datos, estructurados en 257 indicadores que miden desde la infraestructura hasta el talento. Los resultados revelan una jerarquía liderada por Norteamérica (puntuación ~64), seguida de cerca por el dinamismo tecnológico de Asia Oriental (59.9). Mientras regiones como MENA (50.1) ascienden gracias a inversiones estratégicas en ciudades como Abu Dabi, otras zonas en América Latina y África enfrentan mayores retos, aunque mantienen focos de resiliencia en Santiago o Ciudad del Cabo. Más allá de los recursos, el informe subraya una verdad crítica: la gobernanza es el factor determinante. Una gestión opaca o fragmentada neutraliza cualquier ventaja competitiva, convirtiendo la capacidad institucional en el cimiento indispensable para que el crecimiento económico sea realmente sostenible.
Estamos siendo testigos de una convergencia histórica donde ciudades como Singapur, Dubái y Pekín ya no solo compiten, sino que definen los estándares de competitividad al mismo nivel que Nueva York o Londres. Aunque esta “nueva economía” no se basa únicamente en la acumulación de capital, sino en la capacidad institucional. La conclusión es clara: la infraestructura y la ubicación estratégica son insuficientes si no van acompañadas de una gobernanza transparente y proactiva. Para las ciudades del Sur Global (incluyendo las de América Latina), el éxito en 2026 no dependerá de sus recursos naturales, sino de su habilidad para cerrar la brecha entre la planificación y la ejecución, transformando su potencial en ecosistemas resilientes capaces de atraer y retener el talento global.

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