Redacción: Daniel Noriega
El INEGI reporta que el costo de la canasta alimentaria y no alimentaria en zonas urbanas alcanzó los 4,843.11 pesos. Impacto en la economía familiar.
El costo de la vida en las zonas urbanas de México continúa su tendencia al alza, presionando cada vez más el bolsillo de los trabajadores. Según los datos más recientes, cubrir las necesidades totales, tanto de alimentación como de servicios básicos, requiere un presupuesto que roza los cinco mil pesos por persona, marcando un nuevo referente en la línea de bienestar.
El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) ha actualizado los valores de las líneas de pobreza por ingresos, arrojando una cifra que pone en perspectiva la realidad económica de millones de mexicanos. En su último reporte, se destaca que el valor de la canasta alimentaria más la no alimentaria en las zonas urbanas se situó en 4,843.11 pesos mensuales por persona.
Esta cifra representa el monto mínimo necesario para que un individuo pueda adquirir no solo los alimentos indispensables para una nutrición adecuada, sino también para cubrir gastos esenciales como transporte, cuidados personales, educación, vestido y calzado. Es importante distinguir que este indicador, conocido como la Línea de Pobreza por Ingresos, es fundamental para medir el poder adquisitivo real de los salarios en el entorno citadino, donde los precios de servicios suelen ser considerablemente más altos que en áreas rurales.
El incremento refleja las presiones inflacionarias que, aunque en ocasiones se reportan como controladas a nivel macroeconómico, se sienten con fuerza en el consumo diario. Para una familia promedio de cuatro integrantes, esto significaría que se requieren ingresos superiores a los 19 mil pesos mensuales únicamente para no caer por debajo del umbral de la pobreza urbana, una meta que resulta desafiante para una gran parte de la población que percibe el salario mínimo o se encuentra en la informalidad.
Analistas económicos señalan que el componente no alimentario es el que a menudo genera mayor presión en las urbes, impulsado por el encarecimiento de la vivienda y el transporte público. Mientras que la canasta puramente alimentaria cubre las calorías mínimas, la “canasta ampliada” es la que dicta la verdadera capacidad de integración social y bienestar de los ciudadanos. Al situarse en 4,843.11 pesos, se evidencia la brecha existente entre los ajustes salariales anuales y el costo real de mantener un nivel de vida digno en las metrópolis del país.
Ante este panorama, la administración del presupuesto familiar se vuelve un ejercicio de alta precisión. Las cifras del INEGI no son solo estadísticas; son un recordatorio de la urgencia de fortalecer el poder de compra y revisar las políticas salariales.
Mientras el costo de “sobrevivir” en la ciudad siga escalando, el reto para la economía doméstica será cada vez mayor, obligando a los consumidores a priorizar gastos y buscar alternativas para estirar el ingreso quincena tras quincena.

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