Redacción Marlone Serrano
La Ley Valeria propone tipificar el stalking o acoso persistente como delito en México. La iniciativa busca sancionar conductas como persecución, vigilancia o mensajes reiterados y permitir que las autoridades actúen antes de que el hostigamiento escale a violencia mayor.
En México se discute una iniciativa legislativa conocida como Ley Valeria, una propuesta que busca reconocer y sancionar penalmente el stalking o acoso persistente, una conducta que actualmente no está claramente tipificada en la legislación mexicana.
La iniciativa surge a partir de la preocupación de colectivos civiles y especialistas en violencia de género que han advertido que la persecución constante de una persona —ya sea física o digital— puede escalar hacia agresiones más graves si no se atiende oportunamente.
El stalking, término ampliamente utilizado en el ámbito jurídico internacional, describe comportamientos reiterados de vigilancia, seguimiento o contacto no deseado que generan miedo, ansiedad o afectan la vida cotidiana de la víctima. Aunque en el marco legal mexicano existen figuras como amenazas u hostigamiento, muchos casos de persecución constante no encajan con claridad en esos delitos, lo que complica la actuación de las autoridades.
La propuesta legislativa busca cerrar ese vacío legal al incorporar el acoso persistente como un delito específico dentro del sistema penal. Entre las conductas que podrían ser sancionadas se incluyen seguir a una persona de manera reiterada, enviar mensajes o llamadas constantes, vigilar su domicilio o los lugares que frecuenta, así como utilizar redes sociales u otros medios digitales para intimidar o presionar a la víctima.
De acuerdo con los impulsores de la reforma, reconocer formalmente esta conducta permitiría que las autoridades intervengan con mayor rapidez cuando exista un patrón de hostigamiento, antes de que el caso evolucione hacia formas de violencia física u otros delitos más graves.
La iniciativa también contempla la posibilidad de aplicar medidas de protección para las víctimas durante el proceso de investigación. Entre ellas se encuentran restricciones de contacto, órdenes de alejamiento o mecanismos de vigilancia preventiva destinados a reducir riesgos mientras se determina la responsabilidad del agresor.
El nombre de la propuesta, Ley Valeria, responde a un caso que evidenció las dificultades que enfrentan muchas personas para obtener protección legal frente a situaciones de persecución constante. Activistas señalan que el acoso persistente suele ser una señal temprana en contextos de violencia de género, por lo que contar con una figura jurídica específica podría contribuir a prevenir escenarios más graves.
En distintos países, el stalking ya se encuentra tipificado como delito, lo que ha permitido a las autoridades actuar cuando detectan patrones de hostigamiento reiterado. Legisladores y organizaciones civiles en México buscan avanzar en una dirección similar para fortalecer los mecanismos de protección frente a este tipo de violencia.
Mientras la Ley Valeria continúa en discusión legislativa, el debate ha puesto en el centro la necesidad de reconocer el acoso persistente como un problema de seguridad y de derechos humanos que puede afectar gravemente la vida personal, laboral y familiar de quienes lo padecen.
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