La interacción que tienes con la luz del sol afecta, pero también suma a tu salud

sol

Redacción Carlos Villa 

Exponerse a lo largo del día a los intensos rayos del sol nos afecta más de lo que alcanzamos a apreciar en nuestra piel. Aunque con un buen protector solar y en horas adecuadas, el cuerpo necesita de la luminosidad solar para algunos procesos vitales. 

Con el aumento en las temperaturas que enfrentamos debido a que la tierra está calentándose más rápido, el cambio climático, la sequía y los numerosos efectos nocivos que están modificando la forma en como percibimos las sensaciones climáticas, el frío resulta muy ardiente, y el calor bastante sofocante.  

Exponerse a los rayos del sol durante los tiempos de traslado al trabajo, al caminar por las calles o mientras sales a correr y un poco de él te pega en la cara ya no brilla con la misma intensidad con la que lo hacía hace unos años atrás. Ahora así sea exponerte al sol durante unos escasos minutos o segundos puede dejarte secuelas de golpe de calor. 

Los rayos que irradia la luz solar están compuestos por distintos espectros de rayos, cada faceta cuenta con agentes más potentes que otros, la luz visible, la luz ultravioleta y la luz infrarroja se presenta en cada rayo que impacta al entorno, y cada una tiene sus variantes. 

La luz visible es tan solo lo único que el ojo humano alcanza a apreciar, por supuesto que hay más allá, pero únicamente con esta luminosidad posible cuenta con niveles altos de energía que son medidos en una gama azul y violeta.  

Por el contrario, los rayos ultravioleta UV son aquellos imperceptibles por los órganos sensoriales humanos, que a su vez se dividen según su intensidad y capacidad de energía, UVA, UVB y UVC. Representan alrededor del 5% del total en los rayos solares y son bloqueados por las capas atmosféricas para que no traspasen la superficie y nos afecten. 

Los rayos infrarrojos son mucho menos advertidos por los ojos humanos, y representan el 45% de la luminosidad solar que emite un solo rayo. La clasificación de cada uno de ellos permite entender los efectos negativos que tienen en nuestro organismo, pero también los beneficios que implica sentir sus rayos, en cierta medida, claro.  

Por supuesto que dependerá de muchos factores dermatológicos, pero el simple hecho de exponerse a un sol severo va desde el envejecimiento prematuro de la piel a causa de la exposición, hiperpigmentación, alergias de la piel y engrosamiento temporal de la misma. Por lo que, según la intensidad de los rayos, impactará a largo plazo en la profundidad de todas las capas corporales.  

Pero no todo es negativo, exponerse durante momentos del día donde el impacto de sus rayos no es directo ni intenso contribuye a la estimulación y producción de Vitamina D, que es esencial para muchos de los procesos comunes de nuestro cuerpo, así como el fortalecimiento de huesos y emocionalmente, la disminución de la depresión.  

Igualmente, expertos han constatado cómo los niveles en la producción de serotonina aumentan drásticamente en momentos del día donde la cantidad de luz solar que recibe nuestro cuerpo durante el día es mayor.  

El cuerpo humano siempre está en constante búsqueda de la homeostasis, ese estado integral de equilibrio en todas las dimensiones de salud física, social y emocional. Por lo que ni mucho, ni poco, es necesaria la exposición al sol, aunque no directamente y en momentos de rayos solares tenues, aunque siempre con la protección solar adecuada. 

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