Redacción: Ana Ruiz
No todo lo que vivimos, vemos o estudiamos se queda almacenado en nuestros recuerdos, es como si el cerebro eligiera lo único que realmente importa. Es por lo que científicos buscan realizar estudios avanzados con el cerebro humano.
Según la ciencia el cerebro humano funciona como una red compleja de unos 100 mil millones de neuronas que se comunican mediante impulsos eléctricos y señales químicas (neurotransmisores) en puntos llamados sinapsis. Procesa información sensorial, regula funciones vitales, controla movimientos y gestiona emociones, pensamientos y memoria, adaptándose constantemente a nuevas experiencias mediante la neuroplasticidad.
Pero, por otro lado, Santiago Bilinkis el especialista en tecnología lo plantea con más claridad: la memoria humana no funciona como un disco duro que almacena datos idénticos por años. Opera más bien como una aduana: filtra, selecciona y decide qué merece cruzar hacia el almacenamiento de largo plazo. “El cerebro no está para guardarlo todo, sino para decidir qué vale la pena conservar”
¿Cómo toma el cerebro esa decisión?
Repetición con atención: Cada vez que repites algo como por ejemplo una contraseña o los pasos de una receta refuerzas las conexiones entre neuronas. Pero hay un detalle: si lees diez veces mientras piensas en otra cosa, el recuerdo no se graba. La atención es la llave.
Emoción intensa: Un primer beso, un susto en la carretera, la alegría de un gol. La amígdala detecta la carga emocional y le avisa al hipocampo: “Esto guárdalo ya”. Por eso recordamos con nitidez momentos cargados de sentimiento, pero no qué comimos el martes pasado.
Otro ejemplo es cuando olvidamos donde hemos dejado el celular hace poco tiempo, pero aún puedes mencionar de memoria el número de tu mejor amigo de la primaria. Esto no es un fallo del sistema. Es tu cerebro operando tal como fue diseñado.
¿Se pueden borrar los recuerdos del cerebro?
Hoy la ciencia explora tres caminos que hace una década parecían sacados de una película. Extender la memoria: equipos de investigación desarrollaron una prótesis asistida por inteligencia artificial capaz de suplantar funciones del hipocampo en personas con daño cerebral. Cuando se activaba la señal artificial, los pacientes lograban recordar hasta 50% más.
Borrar recuerdos: en 2024, científicos utilizaron opto genética —destellos de luz dirigidos a neuronas específicas— para evitar que ratones consolidaran un recuerdo traumático. En humanos, se estudia el uso de propanolol, un fármaco que, tomado en las primeras seis horas tras un evento difícil, puede reducir la carga emocional del recuerdo sin eliminar el hecho en sí.
Reescribir: la terapia de reconsolidación trae un recuerdo doloroso al presente y, mientras está “abierto”, lo modifica con nuevas perspectivas antes de volver a guardarlo, busca reducir la carga emocional de recuerdos traumáticos, transformándolos en memorias neutras sin borrarlos.
Bilinkis también llama la atención sobre un fenómeno cotidiano: en la era de la selfie, documentar cada momento con el celular podría estar debilitando nuestra memoria. Un experimento con obras de arte mostró que, entre más fotos tomaban las personas, menos recordaban de lo observado. Como si el cerebro delegara: “Ya está guardado en el teléfono, yo no lo guardo”.
La propuesta de Bilinkis no es dejar de usar la tecnología, sino elegir cuándo grabar y cuándo simplemente estar. Porque al final, lo que más vamos a valorar no es cómo se vio un momento, sino cómo se sintió vivirlo, disfrutarlo y tocarlo. Y eso, ningún celular lo puede capturar.

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