Redacción: Fer Valdep
La Asamblea Nacional de Venezuela, controlada ampliamente por la bancada chavista (PSUV), aprobó en primera discusión la llamada Ley Aprobatoria del Tratado de Asociación Estratégica y Cooperación entre Venezuela y Rusia, una iniciativa que, según el Legislativo oficialista, ampliará la cooperación política y económica entre ambos países.
La aprobación llega en plena crisis militar con Estados Unidos que, según reportes, ya ha pulverizado tres embarcaciones salidas de costas venezolanas. Al mismo tiempo, la justicia estadounidense busca que el presidente Nicolás Maduro responda por supuestos vínculos con organizaciones criminales —como el Cártel de los Soles y el Tren de Aragua—, acusaciones que el Gobierno venezolano niega y considera parte de un intento por forzar un cambio de régimen.
El tratado abriría nuevos campos de cooperación con Rusia, país con el que la nación sudamericana ya mantiene lazos militares. Como ejemplo de esta colaboración, en Venezuela opera una fábrica con licencia nacional de fusiles AK-103 Kaláshnikov.
Desde la Casa Blanca y sus filas más cercanas al Gobierno de Donald Trump la postura es dura con el régimen chavista. El secretario de Estado, Marco Rubio, ha mostrado una abierta hostilidad hacia Maduro y ha sido enfático al pedir su derrocamiento, argumentando que su reelección fue fraudulenta.
Como demostración de fuerza, el chavismo difundió imágenes de su Aviación Militar Bolivariana con cazas Sukhoi Su-30 equipados con misiles antibuque. Además, lanzó la operación “Caribe Soberano 200”, un despliegue de 2,500 efectivos de élite y ejercicios en la isla de La Orchila, ante lo que consideran escenarios hostiles en alta mar. Este despliegue y la retórica oficial han aumentado el temor a una posible invasión. Por ello, Maduro instaló el Consejo Nacional por la Soberanía y la Paz, un foro que reúne a diversos actores —desde civiles chavistas hasta opositores tolerados por el Gobierno—, desde el cual se hizo un nuevo llamado a la paz y a la defensa de la patria.
A pesar de la tensión, el propio Trump ha negado ante la prensa haber discutido un plan de “cambio de régimen” con su gabinete.
El contexto descrito por el Legislativo y el Ejecutivo venezolano revela una combinación de refuerzo de lazos exteriores, exhibición militar y movilización política interna. Esto ocurre en vísperas de una posible escalada de tensión con Estados Unidos. La aprobación del tratado marca un paso institucional en la relación Caracas-Moscú, mientras persisten las fuertes acusaciones internacionales y la incertidumbre sobre el riesgo real de un conflicto abierto en la región.
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