Autismo en niñas vs niños: las diferencias que debes conocer

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Redacción: Ana Ruiz 

El autismo en los niños es más fácil de diagnosticar, por lo que hace que las niñas que lo presentan tengan menos atención debido a que sus síntomas son muy diferentes y se pueden confundir con otro tipo de comportamientos, por lo que no atenderlas de manera oportuna puede afectar directamente en su bienestar y desarrollo.  

El autismo es un trastorno del neurodesarrollo que afecta a las habilidades sociales, comunicativas y cognitivas de las personas. Aunque se ha considerado que afecta más a los niños que a las niñas, cada vez hay más evidencia de que las niñas también pueden ser diagnosticadas. El autismo en niñas suele ser más difícil de diagnosticar, lo que puede tener consecuencias en su bienestar y desarrollo. 

Existen diferencias en la forma en que se manifiesta el autismo entre niños y niñas. Mientras que los niños suelen presentar conductas más evidentes, como la hiperactividad, las niñas pueden presentar síntomas más sutiles. Esto hace que el diagnóstico sea más difícil en las niñas, ya que sus síntomas pueden pasar desapercibidos o confundirse con otros trastornos. 

El diagnóstico del autismo en niñas puede ser un desafío debido a la falta de conocimiento y a los estereotipos de género. Muchos profesionales de la salud no están familiarizados con las diferencias de género en el autismo y pueden pasar por alto los síntomas en las niñas.  

Los síntomas pueden pasar desapercibidos o atribuirse a otras condiciones, como timidez, ansiedad, trastornos de la alimentación o retraso en el desarrollo del lenguaje. Los indicadores tempranos pueden incluir dificultades en la comunicación no verbal, falta de respuesta al nombre, ausencia de juego imaginativo y patrones de interés restrictivos. Además, las niñas pueden aprender a camuflar sus síntomas para encajar en la sociedad, lo que dificulta aún más su detección. 

Suelen tener un interés especial en los animales, la música, el arte y la literatura. Una imaginación fuerte. Un deseo de arreglar y organizar objetos, que bien puede confundirse con el trastorno obsesivo compulsivo (TOC), No querer jugar de manera cooperativa con compañeras y una tendencia a imitar a otros en situaciones sociales para mezclarse. 

Pueden también tener la capacidad de controlar sus emociones en la escuela, pero ser propensas a derrumbarse o tener un comportamiento explosivo en el hogar. Fuertes sensibilidades sensoriales, especialmente a los sonidos y al tacto, por ejemplo, etiquetas de ropa, calcetines o incluso desodorante. 

Y en el caso de los niños los comportamientos son algo diferentes. Evitan mirar a los ojos o no mantener el contacto visual, no mostrar expresiones faciales como de felicidad, tristeza, enojo y sorpresa, repiten palabras o frases una y otra vez (esto se llama ecolalia), juegan con juguetes de la misma manera todo el tiempo, ponen sus juguetes u otros objetos en fila y se molestan cuando se les cambia el orden. 

Por lo que intervenir de manera oportuna no solo mejora el presente de la niña con autismo, sino que impacta directamente en su bienestar a largo plazo. Evitando de esa forma que las niñas deriven baja autoestima, ansiedad, depresión o aislamiento social. Con el apoyo adecuado, las niñas dentro del espectro pueden desarrollar todo su potencial.  

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