Redacción Daniel Lee
La sepsis mata cada año a alrededor de 11 millones de personas en el mundo y provoca cerca de 48.9 millones de casos, cifras que obligan a mirar esta emergencia médica no solamente como un problema de atención hospitalaria, sino como un desafío de prevención. En México, especialistas advierten que su impacto podría ser todavía mayor de lo que reflejan las estadísticas disponibles.
La sepsis no es simplemente una infección grave. Es una respuesta descontrolada del organismo frente a una infección que puede provocar daño irreversible en tejidos y órganos y avanzar en cuestión de horas. Fiebre, dificultad para respirar, presión arterial baja y alteraciones del estado mental son señales de alarma que pueden marcar la diferencia entre intervenir a tiempo o enfrentar consecuencias fatales.
El problema es especialmente delicado en pacientes hospitalizados, adultos mayores, personas inmunocomprometidas, pacientes sometidos a cirugía y quienes requieren cuidados intensivos. Precisamente por ello, la prevención de infecciones asociadas a procedimientos médicos debe dejar de considerarse un asunto secundario.
El doctor Eduardo Alberto González Escudero, jefe del Servicio de Terapia Intensiva del Hospital Ángeles Universidad, advierte que en México no existen estadísticas suficientemente precisas para dimensionar el fenómeno y plantea que la sepsis podría constituir una de las principales causas de muerte, particularmente cuando aparece como complicación de enfermedades respiratorias, gastrointestinales, urinarias y otros padecimientos.
El dato debe encender las alarmas. Una infección que comienza aparentemente bajo control puede complicarse rápidamente cuando microorganismos alcanzan tejidos profundos o el torrente sanguíneo, particularmente durante procedimientos invasivos como cirugías o colocación de catéteres.
Y aquí aparece una realidad que suele quedar fuera de la conversación: prevenir una infección no solamente salva vidas; también evita costos enormes para los hospitales, los pacientes y sus familias.
De acuerdo con los costos unitarios del IMSS vigentes en 2026 y publicados en el Diario Oficial de la Federación, un día de hospitalización en una unidad de tercer nivel representa 15,764 pesos, mientras que un día en terapia intensiva alcanza 82,158 pesos. Cuando la sepsis obliga a prolongar la estancia hospitalaria o ingresar a cuidados intensivos, el impacto económico puede crecer rápidamente.
Pero el costo más grave no aparece en ninguna factura.
La sepsis puede dejar secuelas que modifican radicalmente la vida de quienes sobreviven. Un estudio realizado en Alemania con 7,370 sobrevivientes en edad laboral encontró que, seis meses después del episodio, 22.8% continuaba de baja por enfermedad y 8% se había jubilado anticipadamente. Al cumplirse un año, 9.8% seguía de baja y 13.3% se había retirado anticipadamente. En otras palabras, uno de cada cuatro sobrevivientes en edad laboral no regresó al trabajo durante el año posterior a la sepsis.
Por eso, hablar de prevención no es exagerar. Es actuar antes de que la emergencia ocurra.
Uno de los puntos críticos está en los procedimientos invasivos. La piel constituye una barrera natural frente a los microorganismos; cuando se realiza una incisión o se introduce un catéter, esa protección se rompe y existe la posibilidad de que bacterias alcancen tejidos profundos o la sangre.
La preparación adecuada de la piel, mediante antisepsia y protocolos estandarizados, constituye por ello una medida fundamental para reducir riesgos. El doctor Gabriel García Correa, gerente clínico y de consultoría de BD México, subraya la necesidad de que los hospitales estandaricen estas prácticas y utilicen técnicas y soluciones especializadas antes de los procedimientos invasivos.
La discusión, sin embargo, debe ir más allá de un producto específico. La seguridad del paciente depende de protocolos completos, personal capacitado, higiene rigurosa, vigilancia epidemiológica, identificación temprana de infecciones y cumplimiento sistemático de las medidas de prevención.
Cada infección que puede evitarse representa una oportunidad de impedir una sepsis. Y cada sepsis detectada oportunamente representa una posibilidad de salvar una vida.
Este 13 de septiembre, Día Mundial de la Sepsis, el mensaje debería ser contundente: no basta con contar a quienes mueren; hay que evitar que lleguen a esa condición.
La medicina moderna dispone de conocimientos y herramientas para reducir riesgos. Lo que no puede permitirse es que la prevención dependa de la improvisación, de protocolos que no se cumplen o de medidas que se aplican de manera desigual.
Ante una enfermedad que puede destruir órganos en cuestión de horas, prevenir una infección no es una recomendación: es una obligación de seguridad y, en muchos casos, la primera oportunidad para salvar una vida.

