Redacción Litzury Gamboa
El telescopio espacial Swift de la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA, por sus siglas en inglés) reingresó de forma descontrolada en la atmósfera terrestre este miércoles sobre el norte de la isla indonesa de Sumatra, tras permanecer casi 22 años en órbita estudiando las explosiones más potentes del universo, sin que se reportaran daños materiales ni personales en la región, según confirmó de manera oficial la Fuerza Espacial de Estados Unidos.
De acuerdo con el informe, el observatorio de aproximadamente mil 450 kilogramos de peso se desintegró en su mayor parte debido a las elevadas temperaturas térmicas registradas durante el intenso descenso atmosférico, el cual se concretó a las 07:39 horas del este de Estados Unidos, equivalente a las 06:39 horas en la Ciudad de México.
Previamente, los cáculos balísticos elaborados por los especialistas habían estimado una probabilidad marginal de uno entre 2 mil 100 de que los componentes estructurales más resistentes lograrían sobrevivir al reingreso dentro de una franja latitudinal que rodeaba las zonas ecuatoriales del planeta.
Lanzada originalmente en noviembre de 2004 para cumplir con una misión científica inicial de apenas dos años, el telescopio Swift superó con crecer las expectativas operativas al registrar más de 2 mil estallidos de rayos gamma y mil 400 eventos de supernovas a lo largo de su prolongada trayectoria en el espacio exterior.
Toda la información recabada por este sofisticado instrumento dio forma a un archivo público masivo compuesto por 12 terabytes y más de un millón y medio de imágenes de alta precisión, consolidándose como la base fundamental para la redacción de unos 7 mil artículos científicos especializados en astrofísica a nivel internacional.
A pesar de que los diversos intentos técnicos efectuados en agosto por agencias especializadas para rescatar y estabilizar la estructura resultaron infructuosos, el invaluable legado del telescopio continuará impulsando nuevos descubrimientos sobre la evolución del cosmos durante las próximas décadas, marcando el cierre de una de las misiones astronómicas más exitosas de las últimas décadas.

