El Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé que México enfrente serias dificultades para reincorporarse al grupo de las diez economías más grandes del mundo en los próximos años. De acuerdo con las proyecciones macroeconómicas del organismo internacional, el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) nacional mantendrá una trayectoria moderada que resultará insuficiente para desplazar a otras naciones emergentes y desarrolladas, las cuales avanzan a un ritmo de expansión mucho más acelerado.
El reporte del organismo multilateral señala que la economía mexicana se verá condicionada por una serie de factores estructurales internos y un entorno externo de alta incertidumbre. Entre los principales desafíos se encuentran los bajos niveles de inversión fija bruta, la rigidez en la productividad laboral y la persistencia de cuellos de botella en la infraestructura clave, especialmente en sectores estratégicos como el suministro de energía, la gestión hídrica y la logística de transporte.
A pesar de las oportunidades comerciales generadas por la relocalización de cadenas de suministro, conocida como nearshoring, el FMI advierte que el país no ha logrado capturar plenamente el potencial de esta tendencia. La falta de certidumbre regulatoria en ciertos sectores económicos, sumada a los retos en materia de seguridad e institucionalidad, ha frenado la llegada de flujos de inversión extranjera directa de mayor escala para dar un salto cuantitativo en el tamaño de la economía.
Además, el organismo enfatizó la necesidad de implementar consolidaciones fiscales graduales para mantener la sostenibilidad de la deuda soberana frente al incremento en el gasto social y los costos financieros. Analistas consideran que el margen de maniobra del gobierno federal para impulsar el crecimiento a través del gasto público será limitado, lo que refuerza la urgencia de fortalecer la recaudación y fomentar la participación privada.
Las estimaciones del FMI concluyen que, si bien México conservará un papel relevante dentro del comercio internacional y la estabilidad macroeconómica regional, requerirá reformas estructurales profundas para superar sus tasas históricas de crecimiento. Sin una aceleración notable en la productividad y en la formación bruta de capital, la brecha frente a las principales potencias globales continuará ampliándose en la presente década.

