Más allá del ingreso: cómo México identifica a quienes viven en pobreza

Redacción: Inés Arroyo 

La medición de la pobreza en México ha adoptado un enfoque más amplio y preciso. Tras la desaparición del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), a partir de 2025 el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) asumió esta responsabilidad, garantizando la continuidad, confiabilidad y comparabilidad de las estadísticas. 

El enfoque multidimensional reconoce que la pobreza no se limita a la falta de ingresos para cubrir la canasta básica. También se manifiesta cuando las personas no pueden acceder a derechos sociales esenciales, como educación, salud, vivienda digna, servicios básicos y seguridad social. 

La metodología considera dos dimensiones principales: 

  1. Bienestar económico: Se evalúa el ingreso de los hogares en relación con dos umbrales. La pobreza extrema se determina cuando los ingresos no alcanzan para costear la canasta alimentaria. La pobreza moderada se da cuando los ingresos no alcanzan para cubrir alimentos y bienes y servicios básicos como transporte, educación, salud, vestimenta e higiene. 
  1. Carencias sociales: Se analiza el acceso a educación, salud, seguridad social, vivienda adecuada, servicios básicos y alimentación suficiente. 

Una persona se considera en pobreza multidimensional si presenta al menos una carencia social y sus ingresos no cubren la canasta básica. Quienes acumulan tres o más carencias sociales y no pueden costear siquiera la canasta alimentaria se clasifican en pobreza extrema. Además, este enfoque permite identificar a quienes, aunque no estén en pobreza, son vulnerables debido a la prevalencia de carencias sociales. 

La Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH), realizada cada dos años por el Inegi, es la principal fuente de información para estas mediciones. Esta encuesta recopila datos detallados sobre ingresos, gastos, condiciones de vivienda y acceso a servicios, y es representativa a nivel nacional, estatal y urbano-rural. 

La medición multidimensional permite diseñar políticas públicas más efectivas. Por ejemplo, un hogar con ingresos cercanos a la canasta básica pero con carencias en vivienda o salud puede ser atendido de manera específica. Además, facilita focalizar programas en grupos específicos como hablantes de lenguas indígenas, personas con discapacidad, mujeres e infancias, y monitorear avances o retrocesos en el tiempo. 

Con este enfoque, México cuenta con una herramienta más completa para diagnosticar y atender la pobreza, reconociendo que la falta de ingresos y la carencia de derechos sociales son fenómenos relacionados que requieren políticas integrales. 

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