El logro de caminar en dos piernas está en la pelvis

pelvis

Redacción: MaJo Gutiérrez 

Un estudio internacional liderado por la Universidad de Harvard ha revelado por fin los secretos evolutivos que transformaron la pelvis de nuestros ancestros, permitiendo que la especie humana desarrollara la capacidad de caminar erguida. La investigación, publicada en la prestigiosa revista Nature, no se basó en el análisis de fósiles, sino en el estudio detallado de 128 muestras de tejidos embrionarios de humanos y de otros primates. Los científicos utilizaron tomografías computarizadas y un análisis histológico para desentrañar la anatomía de la pelvis en sus etapas más tempranas de desarrollo. 

El equipo descubrió que la pelvis humana, única entre los primates, evolucionó a través de dos cambios fundamentales en el desarrollo embrionario. El primer paso consistió en el desplazamiento de una placa de crecimiento que giró 90 grados, haciendo que el ilion (la parte superior de la pelvis) fuera ancho en lugar de alto. Terence Capellini, autor principal del estudio, expresó su sorpresa, ya que esperaba una progresión gradual. Sin embargo, la investigación demostró que el hueso se acortó y ensanchó simultáneamente en un movimiento radical. El segundo cambio crucial fue el retraso en la formación ósea del interior de las ilias, lo que permitió que el hueso mantuviera su nueva forma a medida que crecía. 

Estos cambios genéticos y evolutivos, que comenzaron hace entre 5 y 8 millones de años, fueron cruciales para el desarrollo del bipedismo. El estudio también identificó más de 300 genes involucrados en esta transformación, con tres de ellos, SOX9, PTH1R y RUNX2, desempeñando roles vitales. La importancia de estos genes se refleja en enfermedades como la Displasia Campomélica, un trastorno que causa caderas anormalmente estrechas. Además de la locomoción, la pelvis también estuvo sujeta a una presión selectiva adicional: el “dilema obstétrico”, el equilibrio entre una cadera eficiente para caminar y una lo suficientemente ancha para facilitar el nacimiento de bebés con cerebros grandes. 

Los autores del estudio sugieren que la osificación retrasada de la pelvis probablemente ocurrió hace unos 2 millones de años, coincidiendo con el aumento del tamaño del cerebro en los humanos. El doctor Capellini concluye que esta nueva investigación debería llevar a la comunidad científica a reconsiderar algunas de las suposiciones básicas sobre la evolución humana, demostrando que los secretos de nuestro pasado se encuentran en los detalles de nuestro desarrollo más temprano. 

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