La urgencia de la paz 

Antonio Horacio Gamboa Chabbán 

México es un país que lleva décadas conjugando el verbo sobrevivir. Envueltos en una espiral de violencia física, estructural y psicológica, las mexicanas y los mexicanos habitamos un territorio en el que el conflicto parece haberse institucionalizado. Sin embargo, frente al agotamiento de un modelo de país basado en la disputa permanente, emerge una necesidad ineludible: la construcción de la paz no como una utopía romántica ni como un eslogan de campaña, sino como la herramienta suprema y más urgente para la reconciliación nacional. 

Para hablar de reconciliación, primero debemos desentrañar críticamente las realidades que han persistido en mantener al país enfrentado. A las élites políticas, tanto en el poder como en la oposición, les ha resultado profundamente rentable la polarización. Dividir a México entre “buenos y malos”, “pueblo y élites” o “patriotas y traidores” es una estrategia calculada. Un pueblo que se pelea entre sí no tiene tiempo ni energía para exigir cuentas a sus gobernantes. La confrontación es el escudo perfecto para la incompetencia, la corrupción y, sobre todo, para la claudicación del Estado frente al crimen organizado y la impunidad. 

El fracaso es evidente. Ni la guerra abierta del pasado, que ensangrentó las calles, ni la pasividad cómplice del presente, disfrazada de humanismo, han traído paz. Ambas han sido administraciones de la tragedia. La verdadera paz exige justicia, verdad y la reconstrucción del tejido social. Para lograr la reconciliación nacional, México necesita pacificar todos los ámbitos de su vida pública y privada. 

A continuación, se exponen 10 ejemplos claros y directos de las fracturas que nos dividen y donde la paz debe instaurarse de manera urgente: 

1. La paz en el discurso público y político 

La reconciliación exige desarmar la palabra. Es insostenible vivir en un país donde, desde las más altas tribunas del poder, se fomenta el linchamiento verbal diario contra quienes piensan distinto. La paz política implica abandonar el discurso de odio, la estigmatización de la disidencia y el sectarismo. El país no necesita líderes que aticen el fuego de la división para mantener su popularidad, sino estadistas que tiendan puentes y reconozcan la pluralidad de la nación. 

2. La paz territorial y comunitaria 

Regiones enteras del país viven bajo el yugo de grupos criminales que dictan quién vive, quién muere, qué se vende y a qué precio. Las comunidades de Chiapas, Michoacán, Guerrero, Zacatecas y Tamaulipas (por mencionar algunas) enfrentan desplazamientos forzados, extorsiones y masacres. Necesitamos una paz territorial en la que el Estado recupere el monopolio legítimo de la fuerza, no para hacer la guerra por la guerra, sino para garantizar que el ciudadano pueda caminar por sus calles, sembrar sus tierras y abrir sus negocios sin pagar un “derecho de piso” al terror. 

3. La paz para las mujeres y las niñas 

No puede haber reconciliación nacional en un país que asesina a una mujer al día en promedio. El machismo, la misoginia institucionalizada y la impunidad frente a los feminicidios y los abusos sexuales constituyen una guerra declarada contra la mitad de la población. La paz de género implica que las fiscalías dejen de revictimizar, que los agresores enfrenten la ley y que las mujeres puedan existir en los espacios público y privado sin miedo a no regresar a casa. 

4. La paz de la memoria, la verdad y la justicia (Los Desaparecidos) 

México tiene una herida abierta con más de 110,000 personas desaparecidas. Las madres buscadoras escarban la tierra con sus propias manos ante la apatía de un Estado que prefiere ocultar cifras para proteger su imagen política. No habrá reconciliación sin la paz que otorga la verdad. Necesitamos un pacto nacional de búsqueda, de identificación forense y de justicia. Las familias merecen saber dónde están sus hijos y el país necesita mirarse en ese espejo para garantizar que nunca más vuelva a suceder. 

5. La paz frente a la impunidad y la corrupción 

El sistema de justicia en México es una maquinaria de confrontación y desigualdad: castiga la pobreza y perdona la riqueza o el poder. La fabricación de culpables, ministerios públicos colapsados y jueces bajo presión política o del narco impiden cualquier paz social. Necesitamos paz institucional y esta solo se logra cuando la ley es daltónica ante el color del partido o el tamaño de la cartera. Sin justicia expedita e imparcial, la paz es solo una tregua temporal. 

6. La paz laboral y económica 

La profunda desigualdad es una forma de violencia silenciosa que mantiene al país enfrentado entre clases sociales herméticas. Millones de mexicanos trabajan jornadas extenuantes en la informalidad o por salarios que apenas superan la línea de pobreza, mientras una pequeña cúpula concentra la riqueza. La paz económica requiere un nuevo pacto fiscal, derechos laborales efectivos, salarios dignos y el fin de la precarización. Un ciudadano con sus necesidades básicas satisfechas está libre del clientelismo político. 

7. La paz para la libertad de expresión 

México es uno de los países más mortíferos del mundo para ejercer el periodismo sin estar en guerra oficial. Callar a un periodista es cegar a una comunidad entera. La polarización impulsada por la clase política ha puesto una diana en el pecho de los reporteros y defensores de derechos humanos. La reconciliación exige proteger la labor de quienes investigan e informan, garantizando una paz en la que la verdad incomode al poder, pero no le cueste la vida al mensajero. 

8. La paz medioambiental y territorial 

Existe una confrontación sistemática, impulsada por el despojo de tierras, la minería depredadora, la tala ilegal y el monopolio del agua, que enfrenta a comunidades indígenas y campesinas a corporaciones y autoridades corruptas. Los defensores del territorio son asesinados impunemente. Requerimos una paz ecológica que ponga la vida, el agua y los ecosistemas por encima de los intereses de la acumulación desmedida o de los megaproyectos gubernamentales impuestos sin consulta real. 

9. La paz humanitaria en el fenómeno migratorio 

Nuestro país se ha convertido en un muro de contención, dictado por intereses extranjeros, y en un infierno de secuestros, trata y extorsión para miles de migrantes centroamericanos, sudamericanos y connacionales. Las imágenes de agentes del Estado golpeando a migrantes, así como las masacres y tragedias en estaciones migratorias, nos degradan como nación. La reconciliación pasa por recuperar nuestra vocación de asilo y por construir una paz humanitaria que respete la dignidad de quienes transitan por nuestro territorio. 

10. La paz del tejido social y digital 

Las redes sociales y los espacios de convivencia cotidiana han sido infectados por el veneno de la división. El uso de granjas de bots, la desinformación deliberada y las campañas de odio financiadas por partidos políticos han destruido la capacidad de diálogo. Necesitamos pacificar nuestra convivencia diaria. La paz del tejido social empieza por reaprender a debatir sin destruir al otro, reconociendo que, más allá de nuestras simpatías políticas, compartimos el mismo barco que se hunde. 

La paz no es el silencio de los cementerios ni la sumisión de los oprimidos; la paz es el sonido de la justicia en marcha, de la igualdad extendiéndose y de las comunidades prosperando. La clase política ha apostado por la confrontación porque en el caos de la división, sus fracasos pasan desapercibidos y sus privilegios se mantienen intactos. 

Si México aspira a una verdadera reconciliación nacional, la sociedad civil debe negarse rotundamente a seguir jugando el juego de la polarización. Debemos dejar de odiarnos por encargo de quienes viven de nuestros impuestos. El camino de la paz es un trabajo monumental de reconstrucción de las instituciones, de empatía radical y de exigencia implacable. Ya hemos derramado demasiada sangre y lágrimas en las trincheras del odio; es hora de exigir, construir y merecer la paz en cada rincón de nuestra existencia. 

Mtro. Antonio Horacio Gamboa Chabbán 

Presidente del Colegio de Abogados de América Latina COTAL, A.C. 

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