Redacción: Amairany Ramírez
La reapertura del Estadio Banorte para el Mundial 2026, las mejoras en el Coloso, el partido contra Portugal y las obras de infraestructura que transforman la CDMX.
La espera de casi dos años ha terminado para la afición mexicana. El próximo sábado 28 de marzo, el mítico inmueble de Santa Úrsula, ahora conocido como Estadio Banorte, recuperará su esencia competitiva al reabrir sus puertas para el vibrante encuentro amistoso entre las selecciones de México y Portugal. Tras 22 meses de silencio, desde aquella final de mayo de 2024 donde el América se coronó ante Cruz Azul, el “Coloso” se declara listo para iniciar su cuenta regresiva final hacia la Copa del Mundo 2026.
Aunque las obras continuarán incluso después de que ruede el balón en la justa mundialista, el avance en el interior del estadio es notable. Los reportes indican que la cancha luce un estado impecable, con las líneas ya marcadas y las porterías instaladas, las cuales cuentan con la tecnología de vanguardia “Ojo de Halcón”, requisito indispensable para el torneo de la FIFA.
Los aficionados que asistan a la reapertura se encontrarán con una estética renovada: nuevas butacas instaladas en su totalidad, vestidores modernizados y zonas VIP que, aunque siguen recibiendo toques finales, garantizan la funcionalidad necesaria para este primer gran compromiso internacional. Recientemente, el grupo administrativo confirmó que el inmueble superó con éxito las pruebas de audio y video ante autoridades nacionales e internacionales, asegurando una experiencia de primer nivel para los asistentes.
La transformación no se limita al graderío. En el exterior, las inmediaciones del Estadio Banorte han experimentado una rehabilitación profunda que incluye desde la renovación de carpetas asfálticas en avenidas principales como Tlalpan y Acoxpa, hasta la mejora del alumbrado y señalética vial.
Uno de los proyectos más ambiciosos es la creación de un “Jardín de Lluvia”. Esta obra de infraestructura busca mitigar las inundaciones históricas de la zona sur de la Ciudad de México bajo el concepto de “ciudad esponja”, permitiendo infiltrar millones de litros de agua al subsuelo. Según las autoridades capitalinas, estos trabajos no solo benefician al evento deportivo, sino que buscan devolver un equilibrio hídrico vital para la metrópoli.
Emilio Azcárraga, presidente de Grupo Ollamani, ha mantenido un discurso optimista a pesar de los retos iniciales en la construcción. Si bien el estadio no abrirá al “cien por ciento” de su capacidad proyectada para el futuro a largo plazo, esta primera etapa de remodelación cumple con los estándares necesarios para que el público comience a identificarse con su “nueva casa” antes del partido inaugural del Mundial el 11 de junio.
La reapertura frente a la Portugal de Paulinho quien recientemente se sumó a la convocatoria, marca el inicio de una nueva era para la catedral del fútbol mexicano. El Estadio Banorte ha vuelto, y con él, el sueño mundialista que promete extender la vida de este recinto por varias décadas más.

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