Redacción: Michelle Velázquez Belmont
El retorno de Conor McGregor al octágono en UFC 329 se transformó en una auténtica catástrofe que dejó al mundo de las artes marciales mixtas sumido en la frustración. Aunque el peleador irlandés había logrado generar una expectación enorme, prometiendo un enfrentamiento histórico, la realidad fue demoledora debido a una nueva lesión que arruinó la noche y dejó a la organización sin el desenlace esperado.
El choque contra Max Holloway se perfilaba ideal, dado el estilo agresivo y vistoso de este último, un excampeón y antiguo poseedor del cinturón BMF que garantizaba una batalla vibrante contra la mayor celebridad de la empresa. Sin embargo, todo se derrumbó de inmediato.
El pleito apenas superó el minuto de duración sin que mediara un verdadero intercambio de golpes. McGregor intentó sorprender con una patada alta y, al caer, pareció comprometer su pierna derecha; posteriormente resbaló en dos ocasiones sobre la lona y recibió castigo en el suelo, obligando al réferi Mike Beltran a dictar el nocaut técnico. Es probable que el problema físico existiera antes de ingresar a la jaula, ya que se le notaron dificultades para pisar desde su caminata hacia el escenario. En un intento desesperado por imitar una acción sorpresiva al estilo de Jorge Masvidal, terminó por agravar su situación y quemar su última oportunidad.
Tras el evento, Dana White sugirió que podría tratarse de una rotura de ligamento cruzado y mostró desinterés en programar una revancha inmediata, debido a la incertidumbre sobre el tiempo de recuperación del peleador. A pesar de que el excampeón de dos divisiones revivió la nostalgia de su época dorada durante los días de prensa, la desilusión se apoderó de los asistentes en Las Vegas, quienes habían aportado una taquilla histórica de más de 26 millones de dólares.
El desenlace arruinó múltiples planes a futuro, ya que una victoria de McGregor lo habría perfilado hacia combates lucrativos contra figuras como Paddy Pimblett, Ilia Topuria o por el cetro wélter, mientras que un triunfo contundente y limpio de Holloway lo habría impulsado hacia una oportunidad titular en peso ligero frente a Justin Gaethje.
Al final, la única nota rescatable de la velada para la compañía fue la actuación de Paddy Pimblett en el combate coestelar, quien se anotó un triunfo por sumisión en el primer asalto ante Benoît Saint Denis, recuperándose de su pasada caída ante Gaethje. Pimblett demostró conservar el carisma necesario para sostener su estatus de favorito de la afición, aunque el vacío dejado por el McGregor de antaño sigue pareciendo completamente imposible de llenar.

