Redacción: Grecia Rodríguez
Estados Unidos autorizó temporalmente la compra de petróleo ruso sancionado para estabilizar los mercados energéticos en medio de la guerra en Irán y el bloqueo del estrecho de Ormuz. La medida, que estará vigente hasta el 11 de abril, ha generado críticas en Europa y Ucrania, mientras que Moscú celebra el reconocimiento de su peso en el mercado mundial.
Estados Unidos dio un giro inesperado a su política energética al permitir temporalmente la compra de petróleo ruso. La medida, que fue anunciada por el secretario del Tesoro, Scott Bessent, busca contener el aumento de los precios internacionales provocado por la guerra en Irán y estará vigente hasta el 11 de abril. El permiso es para el crudo que ya está en tránsito en buques, lo que según Washington no generará ingresos importantes para Moscú. “Es un paso limitado, diseñado para estabilizar los mercados en un momento de mucha tensión”, explicó Bessent.
El contexto es muy delicado, porque los ataques contra barcos petroleros en el Golfo Pérsico y el bloqueo del estrecho de Ormuz han dejado mucha incertidumbre. El nuevo líder supremo iraní, Mojtaba Jamenei, aseguró que mantendrá cerrado ese paso estratégico y prometió vengar las muertes de ciudadanos iraníes de los recientes bombardeos atribuidos a Estados Unidos e Israel. Ormuz es importante; por allí circula casi una quinta parte del petróleo mundial. Tras su cierre, el precio del crudo ha aumentado por encima de los 100 dólares y ha tenido un impacto en la economía internacional.
La decisión de Washington fue bien recibida en Moscú, donde se interpretó como un reconocimiento sobre la importancia del petróleo ruso para la estabilidad global. Kirill Dmitriev, cercano al presidente Vladimir Putin, celebró esto y recordó que sin la producción rusa “el mercado no puede sostenerse”. De acuerdo con los datos recopilados por centros de investigación, Rusia ha obtenido más de 6.800 millones de dólares adicionales por la venta de hidrocarburos desde que comenzó la crisis en Medio Oriente.
En Europa, las reacciones fueron diferentes. Emmanuel Macron advirtió que el cierre de Ormuz “no justifica levantar sanciones” y el comisario de Economía de la Unión Europea, Valdis Dombrovskis, alertó que relajar las restricciones podría debilitar la presión sobre el Kremlin en plena guerra en Ucrania. El presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, también criticó esta medida y la calificó como un golpe a la reputación internacional y un respiro injustificado para Rusia.
Al mismo tiempo, Estados Unidos anunció que escoltará buques petroleros en Ormuz lo más pronto posible, en un intento por garantizar el tránsito seguro en una zona cada vez más militarizada. La Agencia Internacional de la Energía aprobó la mayor liberación de reservas de su historia: 400 millones de barriles. Washington complementará ese esfuerzo con 172 millones de su propia reserva estratégica, en un operativo coordinado que busca frenar el crecimiento de los precios.
La combinación de estas decisiones refleja la magnitud de la crisis energética y la compleja red de intereses que se cruzan entre Medio Oriente, Rusia y Occidente. Aunque estas medidas son temporales, su impacto político y económico podría extenderse hasta abril, dejando la duda sobre hasta dónde están dispuestos los gobiernos a ceder frente a la presión del mercado global.

