Columna Mayra Núñez
Dicen que hay libros que huelen a humedad, otros a soledad y otros a perfume. Entre mis perfumes preferidos están tres con distintos nombres, pero todos de la casa Chanel.
Y pienso, que al igual que un libro deja una huella en quien lo lee, un perfume también deja su huella invisible en quien lo porta.
El arte nos ofrece imágenes que dialogan con nuestra memoria, y el perfume nos envuelve en una atmósfera invisible que nos recuerda quienes somos. Sin embargo, esa intimidad se enfrenta a la mercadotecnia del lujo, que convierte a la fragancia en símbolo de estatus y el cuadro en mercancía.
Lo que debería ser un gesto personal -. Un aroma que nos acompaña, una obra que nos conmueve se transforma en objeto aspiracional, diseñado para ser consumido más que para ser sentido.
Crear una obra de arte conlleva creatividad, esfuerzo y muchas horas de trabajo. Detrás de cada lienzo hay una búsqueda, una diciplina y una entrega silenciosa. Del mismo modo, detrás de un perfume hay investigación, pruebas, formulas y un delicado equilibrio de notas que se construye como un cuadro invisible.
Ambos son fruto de un proceso complejo que rara vez se muestra, porque lo que llega al público es solo el resultado final: la obra expuesta o el frasco elegante.
El contraste es evidente: mientras el mercado busca vender exclusividad; el arte y el perfume, en su esencia, busca compartir emociones.
Quizá el verdadero lujo nos recuerda que la belleza está en la huella invisible que dejan en nuestra memoria.
Profa. Mayra Núñez P.
YouTube: Mayra Gallery Art
Galeria Mayra

