Baja California: 20 mil voces para construir un Plan Maestro 

Redacción Daniel Lee 

Más de 20 mil propuestas, planteamientos y recomendaciones surgidos directamente de familias, colonias, comunidades y sectores productivos comienzan a dibujar un mapa distinto de las prioridades de Baja California. 

No se trata, al menos en esta primera etapa, de un diagnóstico elaborado desde un escritorio. Es el resultado de 135 días de recorrido por el estado para preguntar, escuchar y confrontar la agenda pública con los problemas que la gente enfrenta todos los días. 

Alfredo Alvarez Cárdenas, impulsor del denominado Plan Maestro de Baja California, explica que la premisa fue deliberadamente distinta a la de los ejercicios tradicionales: no llegar con soluciones previamente diseñadas, sino poner diversos temas sobre la mesa y permitir que fueran las propias comunidades las que señalaran qué les preocupa, qué necesitan y qué consideran urgente. 

Participaron familias, vecinos, pescadores, comerciantes, industriales, jóvenes y grupos con necesidades específicas. 

El resultado: más de 20 mil propuestas, sugerencias y recomendaciones que dieron forma a un primer diagnóstico ciudadano y que, sobre todo, permitieron identificar una realidad que muchas veces queda sepultada bajo las grandes discusiones políticas. 

Porque para quien vive en una colonia, la prioridad puede no ser el debate nacional sobre seguridad, infraestructura o economía. Puede ser algo mucho más concreto: llegar de noche a casa sin caminar a oscuras, tener transporte suficiente, contar con agua, evitar que las calles se inunden o conseguir un maestro para una escuela. 

Ahí está uno de los principales hallazgos del ejercicio. 

La agenda ciudadana no siempre coincide con la agenda política 

Alvarez Cárdenas señala que uno de los resultados más reveladores fue que la inseguridad no apareció como la principal prioridad de las comunidades consultadas. 

No significa que el problema haya desaparecido ni que sea considerado menor. Significa que la población lo experimenta de una manera diferente a como suele discutirse en los espacios políticos. 

Mientras la conversación pública se concentra en la violencia del crimen organizado y en las estrategias nacionales o binacionales de seguridad, en las colonias la preocupación suele tener nombres mucho más cotidianos: asaltos, robo de cables, robo de tanques de gas y otros delitos que afectan directamente el patrimonio y la tranquilidad de las familias. 

Pero junto a ello aparecen problemas menos estridentes y, sin embargo, determinantes para la calidad de vida. 

La movilidad es uno de ellos. También la iluminación de los caminos que las personas recorren para llegar a una parada de transporte público, particularmente cuando salen temprano o regresan de trabajar por la noche. 

Se suman el drenaje, el abasto permanente de agua, la infraestructura urbana, las condiciones de las escuelas, la falta de maestros en determinadas localidades y necesidades particulares que difícilmente caben en una agenda estatal uniforme. 

El mensaje es contundente: la gente no necesariamente está pidiendo grandes discursos; está reclamando condiciones básicas para vivir, trabajar y sacar adelante a sus familias. 

Una solución distinta para cada territorio 

De este primer diagnóstico surge otra conclusión relevante: Baja California necesita avanzar hacia un esquema de gestión microrregional. 

La razón es evidente. Las necesidades no son homogéneas. 

Una comunidad puede tener como principal problema el suministro de agua; otra, el transporte; una tercera, la infraestructura educativa; otra, la iluminación o el drenaje. 

Aplicar una misma receta para todas puede terminar dispersando recursos y dejando intactos los problemas más urgentes. 

Por ello, el Plan Maestro pretende evolucionar de un documento que identifica necesidades a una herramienta capaz de ordenar prioridades, distinguir realidades territoriales y orientar la gestión pública hacia soluciones específicas. 

El primer documento ya fue publicado en internet y tuvo además una edición impresa de circulación limitada, con 250 ejemplares. 

Pero, según Alvarez Cárdenas, ese documento no debe entenderse como una conclusión. Es apenas el punto de partida. 

Salud mental, cuidados y bienestar: la otra agenda 

La consulta también puso sobre la mesa asuntos que suelen ocupar un espacio secundario en las políticas públicas, como la salud mental y las necesidades de cuidado de niñas, niños y adolescentes. 

Son señales importantes porque muestran que el bienestar de una comunidad no puede medirse exclusivamente en términos de infraestructura o seguridad. 

Hay problemas sociales que no siempre son visibles desde las estadísticas tradicionales, pero que terminan afectando el desempeño escolar, la convivencia familiar, la productividad y las oportunidades de desarrollo. 

El diagnóstico ciudadano comienza así a mostrar una Baja California que demanda soluciones integrales y no únicamente respuestas sectoriales. 

El empleo será la siguiente batalla 

Hay, sin embargo, un tema que todavía no aparece con la fuerza que podría esperarse: el empleo. 

La falta de puestos de trabajo no figura entre las principales preocupaciones cotidianas recogidas durante esta primera etapa, aunque existe plena conciencia de que Baja California atraviesa un momento económico complejo. 

Precisamente por eso, el empleo será uno de los asuntos que deberán abordarse con mayor profundidad en la segunda fase. 

La discusión ya no será únicamente sobre lo que ocurre hoy en las colonias, sino sobre cómo reactivar la economía, generar oportunidades laborales, fortalecer la actividad productiva y recuperar condiciones de certeza jurídica capaces de atraer y retener inversión. 

El segundo ejercicio está previsto para mediados de octubre y deberá ampliar el diagnóstico hacia los desafíos estructurales del estado. 

Ahí estará una de las pruebas más importantes del Plan Maestro. 

Porque obtener 20 mil propuestas puede ser políticamente atractivo, pero no necesariamente transforma una realidad. Escuchar es apenas el primer paso. 

El verdadero desafío comienza cuando las demandas tienen que convertirse en prioridades, las prioridades en presupuesto, el presupuesto en obras y programas, y los programas en resultados verificables. 

De lo contrario, las 20 mil voces terminarían reducidas a una cifra más. 

El valor del Plan Maestro estará precisamente en evitarlo. 

Baja California no necesita únicamente otro documento que describa sus problemas. Necesita una herramienta que ayude a resolverlos. 

Y si este ejercicio consigue convertir la voz de las comunidades en decisiones concretas, habrá dado un paso importante para cambiar una vieja práctica de la política: gobernar desde los escritorios para comenzar a construir soluciones desde el territorio. 

Porque escuchar a la gente puede ser un acto político. 

Pero hacer algo con lo que la gente dice es gobernar. 

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