Redacción: Guicel Garrido
Cuatro días después de la furia devastadora del desborde del río Cazones, los habitantes de Poza Rica y Álamo Temapache, en Veracruz, batallan contra el lodo y la destrucción total. El descontento es generalizado: mientras la ayuda gubernamental es denunciada como tardía o ausente.
Cuatro días después de la furia del río Cazones en el estado de Veracruz, la ciudad de Poza Rica se encuentra sumida en una compleja y desoladora realidad, con sus habitantes removiendo lodo y escombros, mientras la indignación crece ante la percibida lentitud e insuficiencia de la respuesta gubernamental.
El desbordamiento, que llevó las aguas a alcanzar hasta cuatro metros en colonias como Ignacio de la Llave, dejó un panorama de destrucción total. Las imágenes son constantes: familias enteras rescatan lo poco que quedó, con colchones, lavadoras y muebles amontonados en las calles, todo teñido del color del barro. A pesar del eventual regreso de la electricidad en algunos sectores, el hedor a descomposición y el lodo persistente evidencian que el desastre sigue tan vivo como la noche en que ocurrió.
La frustración entre los cerca de 190,000 habitantes es palpable. Muchos denuncian que la ayuda prometida, incluidos convoyes con víveres de la Ciudad de México, aún no ha llegado a las zonas más afectadas. Las críticas se han dirigido directamente a las autoridades locales y estatales. La visita de la presidenta Claudia Sheinbaum fue recibida con gritos y exigencias, y las polémicas declaraciones de la gobernadora Rocío Nahle, quien calificó el evento como un “ligero desbordamiento”, han avivado aún más el descontento.
El contraste con otros municipios afectados, como Huauchinango en Puebla, donde la coordinación de militares y Protección Civil es más visible, es un punto de dolor en Poza Rica. Aquí, el personal militar se ha visto disperso o ausente, dejando a los propios damnificados a cargo de las labores de limpieza. Héroes anónimos, como Alejandro Olarte, quien alertó a sus vecinos antes de la crecida, se han levantado desde la comunidad para suplir la falta de organización oficial.
En medio del vacío institucional, la solidaridad civil y las organizaciones no gubernamentales están jugando un papel crucial. La Cruz Roja Mexicana ha sido una de las pocas presencias constantes, llevando kits de emergencia, alimentos e higiene, a pesar de las dificultades logísticas como carreteras bloqueadas y deslaves.
Municipios cercanos como Álamo Temapache, a 55 kilómetros de Poza Rica, enfrentan una situación aún más crítica, con caminos bloqueados que han dificultado el acceso de la ayuda. Allí, la desesperación es máxima, y los habitantes corren hacia cualquier caravana de apoyo.
La tragedia ha dejado una huella profunda a lo largo de los cinco estados afectados (Veracruz, Puebla, Hidalgo, San Luis Potosí y Querétaro), con un saldo oficial de al menos 64 muertos y 65 desaparecidos. Mientras el gobierno federal, a través de la Secretaría de Economía, promete un plan de reactivación económica, los pozarricenses claman por la celeridad en la distribución de recursos y una respuesta coordinada que les permita empezar a reconstruir sus vidas. La urgencia no es solo de víveres, sino de esperanza y de una presencia gubernamental que reconozca la magnitud de su pérdida.

