Redacción Marlone Serrano
La OMS declaró emergencia sanitaria internacional por el brote de ébola en República Democrática del Congo y Uganda, donde ya se reportan más de 300 casos sospechosos y 88 muertes.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró una emergencia de salud pública de importancia internacional tras el brote de ébola registrado en la República Democrática del Congo y Uganda, donde ya se contabilizan más de 300 casos sospechosos y al menos 88 fallecimientos.
La alerta sanitaria se emitió luego de que autoridades internacionales detectaran una rápida propagación del virus Bundibugyo, una variante poco común del ébola para la que actualmente no existen vacunas ni tratamientos aprobados, lo que ha encendido las alarmas entre organismos de salud y gobiernos africanos.
De acuerdo con la OMS, aunque el brote representa un riesgo sanitario grave, por el momento no existen condiciones para considerarlo una pandemia global similar al COVID-19. Por ello, el organismo descartó recomendar cierres de fronteras internacionales.
El foco principal de contagio se ubica en la provincia de Ituri, al este de Congo, aunque ya se confirmó un caso en Kinshasa, la capital del país, ubicada a más de mil kilómetros del epicentro, además de nuevos contagios sospechosos en Kivu del Norte y en Uganda.
La situación también se agravó en la ciudad de Goma, donde autoridades locales confirmaron el primer caso positivo de ébola en medio de una región marcada por conflictos armados, desplazamientos masivos y crisis humanitaria derivada de enfrentamientos entre fuerzas congoleñas y grupos rebeldes.
Especialistas advierten que el virus se transmite mediante contacto con fluidos corporales como sangre, vómito o semen, y puede provocar una enfermedad altamente letal si no se detecta y atiende a tiempo.
La OMS informó que un equipo integrado por 35 especialistas y toneladas de suministros médicos ya fue desplegado en la región para reforzar las tareas de contención, rastreo de contactos y atención hospitalaria.
Sin embargo, expertos africanos reconocieron que la detección tardía permitió que el virus avanzara durante semanas sin ser identificado. De acuerdo con autoridades sanitarias, cuando el brote fue reportado oficialmente ya se habían registrado alrededor de 50 muertes.
Otro de los factores que complica el control del brote es la movilidad constante de personas vinculadas a actividades mineras y el contexto de violencia en la región, lo que dificulta el monitoreo epidemiológico y el aislamiento de casos.
El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, advirtió que todavía existe incertidumbre sobre la magnitud real de la propagación y alertó que el número de contagios podría ser mucho mayor al detectado hasta ahora.
Además, organismos africanos señalaron que el continente continúa enfrentando problemas estructurales para producir vacunas y tratamientos propios, una situación que quedó evidenciada durante la pandemia de COVID-19 y que vuelve a repetirse ante este nuevo brote.
La declaración de emergencia internacional busca acelerar el envío de recursos, personal médico y apoyo financiero para evitar que la enfermedad continúe expandiéndose en África central.
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