Redacción: Raquel García
El costo para adquirir los alimentos esenciales en las ciudades de México alcanzó los $2,454.74 pesos por persona en septiembre, registrando un aumento anual del 4.7%, una cifra significativamente superior a la inflación general del 3.8%.
Los precios de los alimentos básicos vuelven a subir y superan la inflación general, generando una presión económica sobre las familias mexicanas, especialmente en las zonas urbanas. Según datos recientes del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el costo de la Canasta Alimentaria en el ámbito urbano se situó en $2,454.74 pesos mensuales por persona durante septiembre de 2025. Esta cifra representa un incremento anual del 4.7%, un ritmo de crecimiento que se encuentra casi un punto porcentual por encima de la inflación general, la cual se ubicó en 3.8% para el mismo periodo. Esta diferencia demuestra que, aunque el alza de precios general parece moderarse, el costo de los productos más esenciales sigue una trayectoria ascendente preocupante.
Este fenómeno, conocido como “inflación de los alimentos”, es particularmente perjudicial para los estratos de menores ingresos, ya que destinan una proporción mucho mayor de su gasto total a la compra de comida. El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) utiliza el valor de esta canasta para definir la línea de pobreza extrema por ingresos. Si una persona no cuenta con los recursos suficientes para adquirir estos productos, se considera que se encuentra en una situación de vulnerabilidad crítica. El hecho de que el costo de la canasta alimentaria crezca a un ritmo más acelerado que el promedio de los precios de la economía y, en muchos casos, que los salarios, se traduce en una pérdida neta del poder adquisitivo y un aumento en los índices de pobreza laboral, donde a pesar de tener un empleo, el ingreso resulta insuficiente.
Frutas y verduras como el jitomate, la cebolla y el aguacate, así como proteínas esenciales como el huevo y la carne de pollo, han registrado algunos de los aumentos más significativos. Factores como la estacionalidad de las cosechas, los efectos de fenómenos climáticos adversos, la inseguridad en las cadenas de suministro y los costos de los energéticos y fertilizantes, continúan siendo elementos clave que explican la tendencia al alza. Los hogares se ven forzados a ajustar su consumo, optando por productos de menor costo, reduciendo porciones o, en el peor de los casos, sacrificando la calidad nutricional de su dieta.
Ante este panorama, surge la necesidad de implementar estrategias más efectivas que puedan contener la inflación en el sector alimentario y proteger el ingreso de las familias más vulnerables. Mientras tanto, la realidad para millones de mexicanos es que cada visita al mercado representa un desafío mayor. La brecha entre el aumento de los precios de los alimentos y el crecimiento de los salarios sigue siendo un obstáculo fundamental para el bienestar y el desarrollo económico equitativo en el país.

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