Una paz frágil impulsa la reconstrucción de Gaza bajo supervisión internacional 

Redacción: Raquel García 

Con un alto al fuego reciente entre Israel y Hamás, comienzan los trabajos de reconstrucción en Gaza bajo vigilancia internacional, aunque persisten dudas sobre la durabilidad de la paz. 

Israel y Hamás mantienen desde el 10 de octubre un alto al fuego pactado días antes, como parte de un acuerdo respaldado por Estados Unidos, Egipto, Arabia Saudí, Catar y la Unión Europea. En este marco, se ha convenido el intercambio de prisioneros (incluyendo hasta 2,000 presos palestinos a cambio de 48 rehenes), la retirada gradual de tropas israelíes y la apertura de corredores humanitarios para la entrada de ayuda en la Franja. Algunos rehenes ya han sido liberados, y cada día cientos de camiones cargados de suministros cruzan hacía Gaza, lo que marca una pausa significativa tras años de conflicto.  

El plan se encuadra en una iniciativa de 20 puntos promovida por el presidente Trump, que busca combinar presión diplomática con apoyo internacional tangible. Bajo este esquema, se contempla la creación de una autoridad transitoria de gobierno para gestionar los fondos, supervisar la reconstrucción y preparar reformas hasta que la Autoridad Palestina asuma responsabilidades civiles plenas. 

La reconstrucción de Gaza aparece como un pilar central del acuerdo. Las tareas urgentes comprenden restablecer servicios esenciales (agua, electricidad, salud), reparar infraestructura vial, reconstruir viviendas e impulsar el retorno de personas desplazadas. Los aliados exteriores, Estados Unidos, la Unión Europea, Japón y naciones del Golfo, han movilizado fondos internacionales para financiar estos esfuerzos. El Banco Mundial estima que serán necesarios hasta 80,000 millones de dólares para cubrir los daños acumulados, una cifra extraordinaria frente al tamaño económico de Gaza y Cisjordania.  

La comunidad internacional observa con cautela. La Unión Europea, cuyas autoridades han expresado interés de participar en la autoridad de transición, ha manifestado disposición a colaborar, aunque subraya la necesidad de mecanismos de verificación y rendición de cuentas. Naciones musulmanas (Arabia Saudí, Egipto, Catar, Turquía y otros) respaldan el nuevo esquema con declaraciones públicas, confiando en que el pacto pueda propiciar una paz más sostenible. Entretanto, la ONU ha señalado que este momento es una ventana de oportunidad que debe aprovecharse para restablecer el diálogo entre las partes.  

Pero los riesgos persisten: divisiones internas en Palestina, tensiones políticas en Israel, grupos extremistas contrarios al acuerdo y posibles actos de sabotaje podrían descarrilar el proceso. Aunque el alto el fuego no resuelve problemas estructurales, como el estatus de Jerusalén, el derecho al retorno o la cuestión de los asentamientos, ofrece un escenario diplomático diferenciado. Si la tregua logra transformarse en estabilidad duradera, podría marcar el inicio de una etapa inédita en la relación entre Israel y Palestina, con reconstrucción, gobernanza compartida y respeto mutuo como base de una paz aún imperfecta. 

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