Redacción: Michelle Velázquez Belmont
México en la Bienal de Venecia 2026: El proyecto “Actos invisibles para sostener el universo” rinde homenaje a los saberes mesoamericanos en el Arsenale.
La presencia de México en la Bienal de Venecia representa mucho más que una simple exhibición; es el refrendo de una trayectoria sólida en el panorama artístico internacional y una plataforma estratégica para el impulso de creadores y curadores. Según Jessica Berlanga, responsable del pabellón mexicano en esta sexagésima primera edición, participar en este foro global permite al país mantener su relevancia en una conversación donde su profundidad histórica y cultural siempre es reconocida.
En esta ocasión, la representación nacional corre a cargo de RojoNegro, un colectivo formado por María Sosa y Noé Martínez, quienes presentan una propuesta titulada “Actos invisibles para sostener el universo”. Este proyecto, que carece de respaldo de grandes galerías y nace de un pequeño estudio independiente, utiliza la instalación y el performance para materializar años de investigación etnográfica y de archivo sobre las herencias mesoamericanas.
La obra se concibe como una ofrenda ritual que busca desplazar la atención del individuo hacia el poder de lo colectivo, planteando un acto político de sanación y memoria. Para los artistas, el cuerpo humano funciona como un repositorio de conocimientos ancestrales que deben ser recordados y honrados. Al ingresar al espacio expositivo, el espectador es recibido por una pieza textil elaborada en Cherán, Michoacán. Esta obra, creada con tabaco, minerales y vegetación local, simboliza la protección y el resguardo tanto del lugar como de los asistentes, estableciendo un vínculo directo con los procesos de conciencia y defensa del territorio.
El recorrido continúa con una intervención de sitio específico sobre el suelo, compuesta por sal y barro. Este elemento busca evocar la presencia femenina a través del sudor y las lágrimas, rindiendo homenaje al esfuerzo histórico de las mujeres en las zonas salineras. Una guía de sal en forma de vírgula —signo mesoamericano que representa la palabra— conduce al visitante por un entorno donde el ritmo respiratorio se vuelve parte de la pieza. Sobre esta superficie descansan trece vasijas cerámicas que imitan formas de aves americanas, creando una conexión simbólica donde la sal absorbe la humedad ambiente, emulando la pátina del esfuerzo físico.
El proyecto también integra material audiovisual que documenta un performance de larga duración realizado por Sosa y Martínez, en el cual replican las posturas de vasijas precolombinas. Esta propuesta invita a reflexionar sobre inteligencias que trascienden lo humano, enfocándose en la sabiduría de los materiales, la botánica y el reino animal, especialmente en un contexto actual dominado por debates sobre la tecnología digital. Para Berlanga, la obra de RojoNegro es un llamado a la pausa y a la escucha profunda frente a las crisis contemporáneas. En un mundo desgastado por el consumo acelerado y el capitalismo, estos artistas proponen que en los saberes indígenas vivos reside una clave fundamental para un futuro sostenible y una convivencia armónica con el entorno natural.
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