Redacción: Leo Garfias
La selección mexicana cerró su preparación rumbo al Mundial 2026 con una contundente victoria, bajo la dirección de Javier Aguirre el Tri mostró solidez y confianza con un once inicial que podría repetirse en el debut mundialista.
El último partido de preparación de la selección mexicana antes del Mundial 2026 dejó un sabor muy positivo entre la afición y los especialistas. El jueves 4 de abril, en el estadio Nemesio Diez, México se impuso de manera contundente 5-1 a Serbia, mostrando una versión sólida y convincente. Los goles fueron obra de Johan Vásquez, Raúl Jiménez y Julián Quiñones, además de dos autogoles serbios que terminaron por redondear la goleada. Más allá del marcador, lo que realmente entusiasma es la forma en que el equipo se mostró: ordenado, dinámico y con una clara identidad de juego.
Javier Aguirre, técnico de la selección, parece llegar en un momento inmejorable a esta justa mundialista. Con ocho partidos consecutivos sin conocer la derrota, ha logrado construir una base sólida que conecta tanto con los jugadores como con la afición. Su experiencia y carácter han sido claves para transmitir confianza y disciplina, dos aspectos que históricamente han sido determinantes en el desempeño del Tri en torneos internacionales. El “Vasco” ha sabido combinar juventud y experiencia, dándole protagonismo a futbolistas que atraviesan un gran momento en sus clubes, pero también respaldando a veteranos que aportan liderazgo dentro y fuera de la cancha.

El once inicial que enfrentó a Serbia fue Rangel, Sánchez, Montes, Vásquez, Gallardo, Lira, Fidalgo, Gutiérrez, Alvarado, Jiménez y Quiñones y se espera que podría ser el mismo que debute en el Mundial. Se trata de una alineación equilibrada, con una defensa compacta, un mediocampo con buena distribución y un ataque que mezcla movilidad y contundencia. La presencia de jugadores como Fidalgo y Gutiérrez en la medular da fluidez al juego, mientras que la dupla ofensiva Jiménez-Quiñones garantiza peligro constante en el área rival. Además, la solidez defensiva mostrada por Montes y Vásquez refuerza la idea de que México puede competir de tú a tú contra selecciones de mayor jerarquía.
El resultado frente a Serbia no solo es un marcador abultado, sino también un mensaje de confianza rumbo al debut mundialista. La afición mexicana, que suele ser exigente y apasionada, ha encontrado en este equipo motivos para ilusionarse. El hecho de que Aguirre haya logrado mantener un invicto prolongado antes del torneo habla de un proceso bien trabajado, donde la disciplina táctica y la mentalidad ganadora se han convertido en pilares fundamentales. El reto ahora será trasladar esa solidez a los partidos de máxima exigencia, donde los errores se pagan caro y la presión es aún mayor.

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