Redacción: Javier Escárcega
El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) informó que al cierre de 2025 la canasta alimentaria y no alimentaria en México aumentó más que la inflación general, con productos como comidas preparadas, carne y leche entre los de mayor impacto, generando una presión sin precedentes en los gastos cotidianos de las familias mexicanas.
La dinámica de precios al cierre de 2025 revela una realidad difícil para los hogares mexicanos: los costos de bienes y servicios básicos han presentado incrementos que superan la inflación general del país. Según el Inegi, el valor de la canasta que combina alimentos y productos no alimentarios registró alzas tanto en zonas urbanas como rurales, alcanzando cifras históricas desde al menos 1992. Este comportamiento no solo refleja tendencias económicas amplias, sino también el impacto directo sobre la vida cotidiana de millones de personas que destinan una mayor proporción de su ingreso al consumo básico.
Entre los rubros que más aumentaron, destaca el gasto en alimentos y bebidas consumidos fuera del hogar, el cual se incrementó en términos anuales alrededor de 7.3 por ciento. Este componente fue particularmente relevante porque incidió de manera significativa en la composición de la canasta, sobre todo en áreas rurales donde su peso en el gasto familiar es considerable. El aumento en este rubro refleja tanto cambios en patrones de consumo como presiones de costos en servicios de alimentación.
La carne de res, sin importar el corte, fue otro de los productos que experimentó un incremento elevado, con un alza de 17.6 por ciento en el último año. En conjunto con la carne molida, que subió en una proporción similar, estos productos representaron una de las principales contribuciones al aumento en el costo de la canasta alimentaria rural. En las zonas urbanas, el aumento de alimentos básicos también fue marcado, con cifras que reflejan el desgaste del poder adquisitivo.
En las ciudades, la leche pasteurizada de vaca fue uno de los productos que más impactó el aumento de precios, con un alza cercana a 9.4 por ciento. Este incremento no solo afecta directamente el consumo diario de los hogares, sino que también se traduce en una mayor presión sobre los gastos de las familias que destinan una fracción relevante de su presupuesto a productos lácteos. El comportamiento de este insumo básico denota la persistencia de tendencias inflacionarias en bienes esenciales.
Además de los alimentos, la canasta no alimentaria también registró alzas importantes en varios rubros que forman parte del gasto cotidiano. En el ámbito urbano, los gastos relacionados con educación, cultura y recreación, así como los cuidados personales crecieron de manera significativa. En las zonas rurales, los costos de transporte público y cuidados personales fueron los de mayor incidencia dentro de este segmento de gasto, elevando así el costo total de vida.
Esta combinación de aumentos en bienes y servicios esenciales resalta una brecha preocupante entre la inflación general oficial y el impacto real en los bolsillos de las familias. Aunque la inflación anual cerró en un porcentaje moderado, el encarecimiento de productos de primera necesidad significa que muchas familias enfrentan presiones económicas adicionales que no siempre se reflejan en los indicadores macroeconómicos. El resultado es una experiencia de costo de vida que permanece desafiante para amplios sectores de la población.
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