Redacción: Naomi Vargas
Once países prohibieron el uso del dólar en transacciones internas para fortalecer sus monedas y reducir dependencia financiera. La medida se suma a una tendencia global de desdolarización impulsada por tensiones geopolíticas y crisis económicas. Analistas advierten que este cambio podría remodelar el sistema monetario internacional.
La hegemonía del dólar como moneda de referencia mundial parece enfrentar un giro histórico. Recientemente, 11 países – en su mayoría miembros de la antigua Comunidad de Estados Independientes (CEI) – anunciaron la prohibición total del uso del dólar en transacciones dentro de su territorio, con lo que buscan priorizar sus monedas nacionales y reforzar su soberanía económica.
Entre los argumentos oficiales destaca el deseo de reducir la dependencia financiera del dólar —especialmente tras años de sanciones económicas vinculadas a tensiones geopolíticas— y promover la estabilidad y competitividad de sus propias monedas.
Este fenómeno no es aislado. Otros países fuera de la CEI también han adoptado medidas similares: por ejemplo, Tanzania prohibió en 2025 el uso del dólar y otras monedas extranjeras para transacciones locales, exigiendo el uso exclusivo del chelín tanzano, en un intento por frenar la depreciación de su moneda.
La tendencia —conocida como “desdolarización”— busca reconfigurar el sistema monetario internacional. Si más países se suman, la demanda global por dólares podría disminuir, lo que podría erosionar su posición hegemónica como moneda de reserva.
Pero este cambio trae riesgos. Para economías muy integradas al comercio internacional, renunciar al dólar puede complicar importaciones, préstamos externos o inversiones denominadas en dólares — sobre todo si los socios comerciales no adoptan las mismas medidas. Además, podría incrementar la volatilidad cambiaria en países con monedas menos estables.
Para los mercados globales, esta ola plantea incertidumbre: movimientos en el valor del dólar, cambio en las reservas internacionales, variaciones en los flujos comerciales y un posible rediseño de alianzas financieras. Bancos centrales y gobiernos deberán ajustar estrategias, especialmente en naciones dependientes de exportaciones e importaciones.
Algunos expertos advierten que, si bien la desdolarización puede fortalecer la soberanía monetaria, su éxito dependerá del respaldo institucional, estabilidad económica local y confianza ciudadana en las monedas nacionales. También será clave mantener acuerdos multilaterales de comercio que faciliten transacciones sin recurrir al dólar.
Hoy, más que nunca, el dólar enfrenta una encrucijada global. Su dominio histórico está siendo cuestionado por decisiones soberanas de países que buscan mayor autonomía. Si esta tendencia crece, el sistema financiero internacional podría estar al borde de una transformación profunda.

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