Redacción: Amairany Ramírez
Descubre las nuevas reglas del Departamento de Comercio de Estados Unidos para reducir los aranceles al acero y aluminio mexicano.
En un movimiento que redefine las reglas del juego comercial en Norteamérica, el Departamento de Comercio de los Estados Unidos ha formalizado los lineamientos para una posible reducción de los gravámenes a las importaciones de metales provenientes de México y Canadá. Esta medida, largamente esperada por la industria nacional, propone recortar los aranceles del actual 50% a un nivel máximo del 25%, pero bajo condiciones estrictas que obligan a las empresas a mirar hacia el norte para sus próximas inversiones.
La disposición, publicada recientemente en el Federal Register, no representa una apertura generalizada. El beneficio está estrictamente limitado a los insumos destinados al sector automotriz de vehículos medianos y pesados, tales como camiones y autobuses, dejando fuera de este esquema a los vehículos ligeros y de uso particular. Para acceder a este beneficio, las compañías deben cumplir con requisitos técnicos rigurosos, entre los que destaca que el proceso de fundido y colado de los metales se realice íntegramente dentro de la región norteamericana.
Sin embargo, el punto más polémico de esta normativa es la exigencia de incrementar la capacidad industrial en suelo estadounidense. Según las nuevas reglas, las empresas interesadas deberán presentar planes concretos que incluyan cronogramas de inversión, ubicación de nuevas plantas y metas de producción dentro de los Estados Unidos.
Este esquema ha sido calificado por expertos de la industria mexicana como un “nearshoring inverso”, ya que, en lugar de atraer cadenas de suministro hacia México, el gobierno estadounidense utiliza la presión arancelaria para incentivar el traslado de capital mexicano hacia su propio territorio.
Desde la perspectiva del sector privado nacional, Gerardo Tajonar, vicepresidente de comercio, servicios y turismo de la CDMX, advierte que esta medida actúa como un mecanismo de coerción. Según el especialista, se está obligando a la industria a financiar la reindustrialización de EE. UU. como un “peaje ineludible” para mantener la competitividad en el mercado global. Por su parte, otros analistas sugieren que el incentivo podría ser insuficiente, dado que el ahorro arancelario del 25% difícilmente compensaría los elevados costos de mano de obra y energía en el país vecino.
Este anuncio se produce en un clima de alta tensión política, justo antes de la revisión programada del T-MEC. El titular de la Secretaría de Economía, Marcelo Ebrard, ya había insistido previamente en la necesidad de destrabar estos beneficios pendientes en reuniones con el secretario de Comercio estadounidense, Howard Lutnick. No obstante, la postura de la administración de Donald Trump parece ser la de endurecer las reglas de origen de facto para asegurar que la generación de valor agregado se quede en territorio estadounidense. En conclusión, mientras el gobierno de México busca eliminar las barreras comerciales, Washington ha optado por un enfoque de “me das y te doy”, donde la reducción de impuestos es solo el premio por invertir en la economía de Estados Unidos.

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