Redacción: Hena M. Andrés Cuevas
El escenario político y militar en Medio Oriente dio un giro inesperado este viernes 3 de octubre, cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzó un ultimátum a Hamás para aceptar un plan de paz hasta el que pretende poner fin a la guerra en Gaza.
El mandatario advirtió públicamente que la organización palestina tenía hasta el domingo a las 6:00 pm, hora del este de Estados Unidos, para dar una respuesta afirmativa, y en caso contrario enfrentar “consecuencias como nunca antes se han visto”. Lo sorprendente fue la reacción inmediata de Hamás, que pocas horas después aseguró que aceptaba algunos elementos centrales de la propuesta, aunque con condiciones y reservas.
El plan de Trump consta de veinte puntos que buscan establecer un alto al fuego inmediato, la liberación de todos los rehenes israelíes en manos de Hamás, la entrega de restos de personas fallecidas y un esquema de intercambio de prisioneros. Además, incluye la idea de que Gaza deje de estar bajo control directo de Hamás para pasar a una administración transitoria conformada por tecnócratas palestinos, con respaldo de actores internacionales y países árabes como Egipto, Catar y Turquía. También contempla la retirada gradual del ejército israelí de la franja, la reconstrucción de infraestructuras destruidas durante los años de enfrentamientos y un compromiso de desarme progresivo por parte de Hamás, una de las cláusulas más polémicas del documento.
La respuesta de Hamás fue inmediata. En un comunicado difundido a medios internacionales, la organización expresó su disposición a aceptar la fórmula de intercambio de rehenes y restos, y se mostró abierta a que Gaza sea gobernada por una administración técnica e independiente, con el argumento de que ello permitiría dar alivio a la población civil y abrir un camino hacia una solución política más amplia. Sin embargo, dejó claro que su aceptación es parcial y condicionada. Hamás advirtió que algunos puntos del plan requieren negociaciones más profundas y la consulta con otras facciones palestinas. Además, mostró rechazo a la exigencia de un desarme total, que considera una amenaza directa a su capacidad de resistencia frente a Israel. En otras palabras, hay una disposición a negociar, pero no una rendición absoluta.
El peso de este intercambio no es menor. Hamás, fundado en 1987 durante la Primera Intifada, gobierna la Franja de Gaza desde 2007 tras un violento enfrentamiento con Fatah, el partido dominante en Cisjordania. Desde entonces, la organización ha estado en guerra abierta o en treguas frágiles con Israel, mientras la población civil vive entre bloqueos, crisis humanitaria y repetidos estallidos de violencia. Para Israel y otros países, Hamás es considerado un grupo terrorista por sus ataques contra población civil y su negativa histórica a reconocer al Estado israelí. Sin embargo, sigue siendo un actor ineludible en cualquier proceso de negociación, porque controla de facto el territorio de Gaza y cuenta con apoyo interno y redes internacionales.
El ultimátum de Trump ocurre en un contexto delicado. Desde el ataque de Hamás contra Israel en octubre de 2023, que desató una de las guerras más sangrientas de la región en décadas, la situación humanitaria en Gaza es crítica: cientos de miles de desplazados, barrios enteros arrasados por bombardeos y un colapso de servicios básicos como electricidad, agua y salud. En este marco, cualquier propuesta que pueda detener la violencia es vista con urgencia. La diferencia es que la iniciativa de Trump no se limita a una tregua temporal, sino que busca rediseñar el futuro político y militar de Gaza.
Israel, por su parte, ha aceptado el plan con condiciones. El gobierno de Benjamin Netanyahu se muestra dispuesto a un cese de hostilidades y a una retirada parcial, pero insiste en que necesita garantías firmes de seguridad para evitar que Hamás recupere fuerzas y retome acciones armadas en el futuro. Los países árabes implicados en la mediación presionan para que Hamás ceda, conscientes de que el desgaste de la guerra tiene un impacto regional que amenaza su propia estabilidad.
La incógnita ahora es si la aceptación parcial de Hamás será suficiente para cumplir con el ultimátum impuesto por Trump o si abrirá una nueva ronda de negociaciones. Lo cierto es que la situación ha dado un giro inesperado: en apenas unas horas, la amenaza de un endurecimiento de la guerra se transformó en una ventana de posible diálogo. Sin embargo, nadie desconoce que los puntos más delicados el desarme de Hamás, la soberanía de Gaza y la presencia de fuerzas extranjeras siguen siendo espinas difíciles de arrancar. El reloj corre hacia el domingo, y el mundo observa expectante si este plan se convierte en el inicio de una paz duradera o en otro capítulo frustrado del conflicto más complejo y prolongado de Medio Oriente.

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