¿Puede la educación emocional frenar la violencia machista?

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Redacción: Inés Arroyo 

En agosto, el Departamento de Educación (DE) lanzará en las escuelas públicas el curso “Salud Emocional en Acción”, un programa con 12 horas anuales para enseñar a los estudiantes a manejar sus emociones, mejorar la expresión emocional y fomentar el respeto entre todos. El curso incluye temas como regulación emocional, resolución de conflictos y comprensión de las emociones ajenas. Para ello, se contará con trabajadores sociales, psicólogos, consejeros y enfermeros. 

Sin embargo, expertos y organizaciones especializadas en equidad de género advierten que el curso podría ser insuficiente si no incorpora la perspectiva de género y no aborda las causas culturales y sociales de la violencia machista. Stephanie Figueroa, directora del Observatorio de Equidad de Género, señala que la violencia contra las mujeres no es solo un problema emocional individual, sino un fenómeno ligado a normas y prácticas sociales que deben cambiarse. 

Puerto Rico registra hasta junio de 2025 un total de 29 feminicidios, 16 de las víctimas eran madres, un dato que evidencia la urgencia de acciones efectivas para frenar esta violencia. 

El investigador en masculinidades, Heriberto Ramírez, destaca que los niños y niñas reciben mensajes diferentes sobre cómo expresar sus emociones. “A los varones se les dice que no lloren y que deben ser fuertes, mientras que a las niñas se les permite ser más expresivas”, explica. Además, recuerda que los estudiantes provienen de entornos diversos, con distintos niveles de violencia y precariedad, lo que influye en su desarrollo emocional. 

Por otro lado, la presidenta de la Federación de Maestros, Mercedes Martínez Padilla, señala que los docentes no han recibido capacitación para impartir el curso y que hay otras prioridades en la educación, como reducir el número de alumnos por grupo y mejorar recursos para estudiantes con necesidades especiales. 

Además, se critica la falta de implementación de planes previos diseñados para prevenir la violencia de género, lo que refleja una carencia de compromiso institucional para enfrentar el problema. 

Finalmente, la regulación emocional no es solo un desafío para los estudiantes, sino también para los adultos, incluidos los maestros, en un contexto donde los hombres tienen una tasa de suicidio mucho mayor que las mujeres. 

En resumen, aunque “Salud Emocional en Acción” es un paso positivo, especialistas cuestionan si será suficiente para transformar las raíces culturales y sociales de la violencia machista. ¿Podrá un curso de manejo emocional cambiar una cultura que históricamente ha normalizado la violencia contra las mujeres? 

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