Redacción: Amairany Ramírez
Cuba se declara en alerta máxima ante la posible amenaza militar de EE. UU. Analizamos la movilización de sus tropas, la caída de sus aliados y la crisis de apagones que asfixia a la isla.
El panorama político y social en el Caribe ha alcanzado un punto de ebullición. El gobierno de Cuba ha confirmado que sus fuerzas armadas se encuentran en un proceso activo de preparación para enfrentar lo que consideran una inminente posibilidad de agresión militar por parte de Estados Unidos. Esta declaración, emitida por el viceministro de Relaciones Exteriores, Carlos Fernández de Cossío, no surge en el vacío, sino en un contexto de asfixia económica y una red eléctrica que colapsa sistemáticamente.
Ante las recientes advertencias provenientes de Washington, La Habana ha desempolvado su estrategia histórica de defensa nacional. Bajo el marco de la Ley 75, el país se rige por el concepto de la “Guerra de todo el pueblo”, una doctrina que busca convertir a cada ciudadano en un combatiente activo mediante tácticas de guerrilla para desgastar a cualquier invasor externo. Esta movilización no solo incluye a las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), sino también a las Milicias de Tropas Territoriales (MTT) y al Ejército Juvenil del Trabajo. Aunque el gobierno cubano califica un ataque directo como algo que “esperan que no ocurra”, Cossío enfatizó que sería ingenuo no alistarse frente a la retórica actual del gobierno estadounidense.
La tensión escaló drásticamente tras los eventos de enero de 2026, cuando el derrocamiento y captura de Nicolás Maduro en Venezuela privó a la isla de su principal proveedor de petróleo. Este vacío energético ha sido aprovechado por la administración de Donald Trump, quien ha intensificado el bloqueo mediante aranceles a cualquier nación que intente suministrar crudo a la isla. El secretario de Estado, Marco Rubio, ha sido enfático al señalar que los dirigentes cubanos “deberían estar preocupados”, mientras que el propio Trump ha llegado a declarar que sería un “honor” tomar el control del país.
Mientras las tropas realizan ejercicios de preparación, la población civil enfrenta una crisis humanitaria derivada de los apagones nacionales recurrentes. La infraestructura energética, con décadas de obsolescencia, ha fallado repetidamente, dejando a oscuras hospitales, fábricas y hogares. A pesar de los esfuerzos por restablecer el servicio en zonas estratégicas como La Habana, la falta de combustible y el deterioro técnico hacen que cualquier mejora sea parcial y frágil.
A pesar de este escenario de confrontación, el mensaje de la cancillería cubana mantiene una dualidad estratégica: el derecho inalienable a la defensa propia y la voluntad de sentarse a dialogar en términos de respeto mutuo. El futuro de la isla pende hoy de un hilo delgado entre la diplomacia internacional y el estruendo de los tambores de guerra.
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