Tensión máxima: ¿estalla la guerra?

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Redacción: Inés Arroyo 

En una maniobra que ha sacudido el tablero geopolítico, Estados Unidos lanzó el pasado 21 de junio una operación aérea sin precedentes contra tres instalaciones nucleares de Irán: Fordow, Natanz e Isfahán. La ofensiva, conocida como Operación Midnight Hammer, fue ejecutada por más de 120 aeronaves, incluyendo bombarderos B2 y cazas F22, que descargaron bombas penetrantes de alta potencia con el objetivo de desactivar el corazón del programa nuclear iraní. 

La Casa Blanca afirmó que el ataque fue exitoso y necesario para evitar lo que considera una amenaza inminente. El presidente Donald Trump declaró que las instalaciones quedaron completamente destruidas y que se trató de una acción puntual, sin intención de invadir el país ni de provocar un cambio de régimen. Aseguró también que Estados Unidos “ha devuelto al mundo un margen de seguridad”. 

Las reacciones no se hicieron esperar. Irán acusó a Washington de romper todo canal diplomático y lo responsabilizó por las consecuencias. El canciller iraní, Abbas Araghchi, aseguró que su país no se quedará cruzado de brazos. Horas más tarde, el Parlamento iraní votó a favor de cerrar el Estrecho de Ormuz, uno de los pasos marítimos más estratégicos del mundo. Aunque el uranio almacenado no fue dañado, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica anunció que ya identificó las bases desde donde se lanzó el ataque y advirtió que habrá una respuesta “proporcional y legítima”. 

Israel, firme aliado de Estados Unidos, celebró el bombardeo y afirmó que la cooperación entre ambos países está alcanzando un nuevo nivel. El primer ministro Benjamín Netanyahu aseguró que el ataque representa un punto de quiebre en la lucha contra el desarrollo nuclear iraní. 

El Organismo Internacional de Energía Atómica informó que no hay evidencia de radiación liberada, pero aún no ha tenido acceso a las zonas destruidas. Por su parte, el secretario general de la ONU advirtió que esta acción podría ser el inicio de una escalada de consecuencias impredecibles. 

En medio de este nuevo punto de tensión global, el presidente Trump anunció que decidirá en las próximas dos semanas si Estados Unidos participa directamente en la guerra que Israel ya libra contra Irán. 

Con los canales diplomáticos fracturados y los ejércitos en alerta máxima, la pregunta no es quién atacará primero… sino: ¿quién detendrá el siguiente disparo? 

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