Redacción: Amairany Ramírez
La atención del mundo católico se centra en Roma, donde los “príncipes de la Iglesia” se preparan para una tarea monumental: elegir al próximo líder espiritual de 1,400 millones de fieles. Tres semanas después del fallecimiento del Papa Francisco, 133 cardenales electores ya se encuentran en la capital italiana para el cónclave que definirá el futuro de la Iglesia.
Este miércoles, la histórica Capilla Sixtina se convertirá en el escenario de esta crucial votación secreta. Los cardenales, provenientes de 70 países de los cinco continentes, lo que convierte a este cónclave en el más internacional de la historia, se aislarán por completo del mundo exterior. Esto significa nada de teléfonos, internet, televisión o prensa. Para asegurar el blindaje, el Vaticano incluso desactivará su red de telefonía móvil en todo el territorio a partir del martes 7 de mayo a las 15:00 horas locales (7:00 a.m. en México), y la señal solo se restablecerá una vez que se elija al nuevo Pontífice.
Antes de encerrarse, todo el personal que participará en la organización del cónclave, desde los más altos cargos eclesiásticos hasta técnicos y personal de limpieza, prestó un solemne juramento de absoluto secreto sobre todo lo que vean o escuchen. Romper este juramento conlleva la severa pena de la excomunión. Este juramento es un acto privado y busca evitar cualquier filtración de información relacionada directa o indirectamente con la elección.
Dentro de la Capilla Sixtina, los cardenales se reunirán bajo los impresionantes frescos de Miguel Ángel para votar. El mundo exterior estará pendiente de una pequeña chimenea instalada en el tejado del edificio. Las papeletas y actas de las votaciones se quemarán en dos estufas especiales (una principal y una auxiliar con químicos para un color más claro). Si el humo es negro, significa que aún no hay acuerdo y la votación continuará. Cuando finalmente se alcance la mayoría necesaria, el humo será blanco, anunciando al mundo el esperado “Habemus papam”.
Muchos de los cardenales electores fueron nombrados por el propio Papa Francisco y provienen de las “periferias” del mundo, lejos de Europa. En los días previos, han estado reuniéndose en congregaciones generales a puerta cerrada, discutiendo las prioridades de la Iglesia y conociéndose mejor, lo que les permite formarse una idea de los posibles candidatos.
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