Redacción: Daniel Noriega
Informe sobre el estado del empleo en México al cierre de 2025 e inicio de 2026. Datos del INEGI muestran crecimiento nulo en empleo formal y auge de la informalidad.
El panorama laboral en México enfrenta un inicio de 2026 sumamente complejo. Pese a que las cifras de ocupación muestran un incremento de un millón de personas, la calidad de estos puestos de trabajo es nula, ya que la totalidad de este crecimiento se concentró en el sector informal.
Los datos más recientes del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) han encendido las alarmas entre economistas y analistas financieros. Al cierre del ciclo 2025, el mercado laboral mexicano reportó la incorporación de un millón de personas a la población ocupada; sin embargo, el “plot twist” económico es que este crecimiento no se tradujo en empleos con seguridad social o prestaciones de ley. Al contrario, el sector formal experimentó un estancamiento absoluto, dejando a la informalidad como el único motor de empleo en el país.
Este fenómeno tiene un rostro predominantemente masculino. Según el reporte de Capital Humano, fueron los hombres quienes ocuparon la gran mayoría de estas nuevas plazas informales. Mientras que el empleo formal, aquel que debería dar estabilidad y certeza jurídica a los trabajadores, tuvo su peor desempeño en años, reflejando una falta de confianza para la inversión y la creación de plazas permanentes por parte de las empresas establecidas.
Expertos señalan que este “boom” de la informalidad es un síntoma de una economía que, aunque se mantiene activa, no está ofreciendo las garantías mínimas para el desarrollo a largo plazo. Trabajar en la informalidad significa carecer de servicios de salud, ahorros para el retiro y acceso a créditos para vivienda, lo que genera una vulnerabilidad sistémica en la clase trabajadora. Además, este estancamiento en el sector formal coincide con una temporada de ajustes fiscales y una inflación que sigue presionando el poder adquisitivo de las familias mexicanas.
La brecha entre la oferta y la demanda de trabajo de calidad se ha ensanchado. Las micro y pequeñas empresas, que suelen ser las mayores empleadoras, están operando bajo esquemas fuera de la regulación para sobrevivir a los altos costos operativos. Esto crea un ciclo vicioso donde hay “chamba”, pero no hay carrera ni seguridad. El reto para la administración federal en este 2026 será incentivar la formalización sin estrangular a los emprendedores que apenas logran mantenerse a flote.
Las cifras de empleo de este inicio de año son un recordatorio de que la cantidad no siempre equivale a calidad. Un millón de nuevos empleos en la informalidad no es una victoria para celebrar, sino un desafío para corregir. La estabilidad del sistema económico nacional depende de que esos puestos de trabajo transiten hacia la legalidad para fortalecer el consumo y la recaudación.

