Adiós al Tlalocan: La nueva teoría que transforma el mural de Tepantitla en la antesala de una gran fiesta teotihuacana

Tepantitla

Redacción: Michelle Velázquez Belmont 

El arqueólogo Jaime Delgado Rubio propone que el mural de Tepantitla en Teotihuacan no es el inframundo, sino una fiesta de la abundancia.

El hallazgo del mural de Tepantitla en 1942, ocurrido de manera fortuita en un terreno agrícola próximo a la Pirámide del Sol, marcó un hito en la comprensión del arte teotihuacano. Durante más de ocho décadas, la visión predominante, impulsada inicialmente por Alfonso Caso, asociaba estas pinturas con el Tlalocan, un paraíso acuático destinado a quienes fallecían por causas vinculadas al agua o al rayo.  

Sin embargo, una investigación reciente del arqueólogo Jaime Delgado Rubio propone una ruptura conceptual absoluta con esta interpretación tradicional del inframundo, sugiriendo que la obra retrata en realidad una vibrante celebración de la abundancia agrícola en la vida cotidiana de la antigua metrópoli. 

Esta nueva teoría sostiene que el mural documenta los preparativos y el desarrollo de una gran festividad dedicada al maíz, el frijol y la calabaza. Según Delgado Rubio, la composición describe tres momentos fundamentales: las acciones previas que desembocan en el ascenso simbólico a una montaña sagrada, la ejecución de un juego de pelota con bastones y la disposición de un espacio dedicado a sanadores de diversas procedencias étnicas.  

La eficacia de este evento como herramienta de cohesión social y gestión de la diversidad en Teotihuacan habría sido tan profunda que, siglos más tarde, los mexicas habrían heredado y adaptado esta tradición bajo el nombre de la ceremonia de etzalcualiztli. 

Lo que hace excepcional a Tepantitla frente a otros frescos de la ciudad es su alejamiento de los estándares rígidos y solemnes. Mientras que la mayoría de los murales muestran deidades distantes y procesiones sobrias, aquí se observa un dinamismo inusual. En la parte superior, una entidad vinculada a la lluvia se muestra conmovida, cargando a sus hijos para presenciar el festejo.  

En la sección inferior, el fondo rojo resalta una multitud de personajes en constante movimiento: individuos que recolectan frutos, nadan, cantan o se divierten en un paisaje de ríos y cultivos. Esta explosión de gestos y emociones humanas contradice la idea de un recinto para los muertos, apuntando más bien a un registro de la vitalidad social. 

El trabajo de Delgado Rubio sintetiza años de análisis de registros históricos y evidencia arqueológica para cuestionar las lecturas de especialistas previos que, aunque valiosas, mantuvieron la premisa del paraíso acuoso. Esta perspectiva refrescante no solo enriquece el estudio académico, sino que también busca llegar al público general. Como parte de este esfuerzo de divulgación, el documentalista Rafael Morales Orozco ha producido un material audiovisual que detalla esta reinterpretación. La pieza será presentada este viernes a las 17:00 horas a través de plataformas digitales como INAH TV y el espacio de YouTube Relatando Historias, ofreciendo una nueva mirada sobre cómo los teotihuacanos celebraban la vida y la tierra. 

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