Redacción Carlos Villa
Cuando uno navega aparentemente libre por su celular, especialmente menores de edad, no caen en cuenta además de la exposición de datos, la relación de codependencia que establece su cerebro con el no dejar de ver redes sociales.
En un mundo globalizado y excesivamente interconectado en el que contar con un celular te abre una inmensa gama de oportunidades productivas que te permiten expandir conocimientos, explorar nuevos entornos, mantenerse al tanto, estar en contacto al instante a pesar de kilómetros de distancia entre otros numerosos beneficios más, también supone la exposición permanente.
Y es que a pesar de los muchos efectos positivos que trae consigo un celular, también ha dado paso a ser altamente flexible si de generar daño se trata; desprestigiar a alguien mediante una campaña mediática de linchamiento virtual, usurpar identidades para estafar personas, dar tus datos personales a cambio de cierto servicio, o lo más preocupante: generar una adicción al no poder vivir sin scrollear.
Lo cierto es que la cantidad de dopamina que genera el cuerpo al estar aferrados al timeline en cualquier red social es la responsable de generar dependencia a los dispositivos, el cuerpo necesita de aquella actividad en el día pues ya se acostumbró a que le haga sentir bien.
Aquella sensación se ha abierto paso en todos los sectores de la población; adultos mayores jubilados que priorizan sentarse a ver tik tok en lugar de salir a caminar, la clase trabajadora que durante sus largos tiempos de traslado en transporte público prefieren invertirlo en ver sus redes en lugar de leer, escuchar música o hacer comunidad con el de a lado, pero en el sector que más secuelas dejará para su crecimiento es en las infancias.
Si bien es la niñez la edad en los humanos en el que más curiosos les debe parecer el mundo que tienen frente a sus ojos y que están a punto de descubrir mediante sus sentidos, hoy las generaciones Z y Alpha se privan de aquellos fenómenos por videojuegos y videos en interacciones virtuales que les limita conocer el plano real.
Debido a que para muchos gobiernos las secuelas que pueda dejar en la salud mental de los niños el contacto excesivo con los medios virtuales es importante, el primer ministro británico Keir Starmer acelerará los esfuerzos del gobierno para que la interacción de los menores con el mundo virtual sea regulada.
Starmer anunció que, de aprobarse esta iniciativa, será mediante un regulador digital de nombre Ofcom que existirá la inteligencia para detectar ciertos patrones de conducta que se presenten en celulares usados por menores de edad.
Aquellas conductas inusuales para un menor que detectará aquel regulador destacan la de bloquear la instalación de VPN que comúnmente se instalan para acceder a sitios no disponibles en su región como lo pueden ser vínculos pornográficos o detener el auto-play en las plataformas que no dejan de mostrarte videos, aunque sigas descendiendo en la pantalla.
Pero la medida más importante dentro de todas las potencialidades que el regulador tendrá es aquella que protege la salud mental de los menores de 5 a 18 años en caso de que terminen por acabar con su vida gracias a lo que consumen en redes, y es que, de fallecer un menor, si Ofcom detecta que el contenido visualizado habitualmente habría tenido que ver con el término de su vida, las compañías estarán obligadas a dar toda la información necesaria en un plazo no mayor a cinco días.

De entrar en vigor aquella iniciativa, Reino Unido a la par de Australia se consolidarían como naciones que protegen la seguridad online de sus juventudes, aunque ello implique una intervención directa en el contenido de los menores. En México, una diputada local en el Congreso de Jalisco propuso algo similar, como la prohibición del uso del celular en las escuelas desde primaria hasta preparatoria, sin embargo, aún no se ha votado.
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