Redacción: Guicel Garrido
Una peligrosa ola de desinformación azota las redes sociales, donde los denominados “coyotes” o “polleros” están utilizando narrativas falsas para atraer a migrantes vulnerables con la promesa de un cruce sencillo a Estados Unidos.
Una peligrosa ola de desinformación azota las redes sociales, donde los denominados “coyotes” o “polleros” están utilizando narrativas falsas para atraer a migrantes vulnerables con la promesa de un cruce sencillo a Estados Unidos. Por su parte, la Embajada de Estados Unidos ha desmentido categóricamente estas estrategias, advirtiendo que se trata de tácticas creadas por traficantes de personas para posible explotación y el secuestro.
Entre las mentiras más difundidas se encuentra la supuesta apertura de la frontera para quienes porten pasaporte vigente, carezcan de tatuajes y demuestren necesidad de asilo político; otra táctica peligrosa incluye un plan para cruzar el Río Bravo sin ser detectado, usando una malla a modo de “camuflaje”, una treta que pone en riesgo inminente la vida de quienes la intentan.
La actividad delictiva se ha mudado al entorno digital, creando un nuevo nicho de mercado para la delincuencia organizada que se aprovecha de la desesperación de quienes buscan una vida mejor. Este sistema no solo aumenta los riesgos de la travesía, sino que también abre la puerta a nuevas formas de secuestro y estafa, donde las víctimas son atraídas por promesas que solo conducen a mayores peligros.
La responsabilidad estatal ante la crisis
Aunque las autoridades estadounidenses han emitido claras advertencias sobre la falsedad de estos mensajes, el problema de fondo persiste en la falta de seguridad y control en la frontera. Este vacío es aprovechado no solo por los “coyotes” que cobran cuotas que pueden superar los $20,000 dólares por el cruce, sino también por una cadena de actividades delictivas que, lamentablemente, se cometen a la vista.
El esquema de explotación en la frontera involucra una falla sistémica que va más allá de la advertencia. Los gobiernos de ambos lados deben dejar de limitarse a “advertir” sobre los peligros y tomar acciones contundentes para detener a los traficantes y desmantelar las redes que atraen a personas vulnerables a la violencia. Esta clase de deshumanización que a menudo exhiben las autoridades migratorias ante la situación de los migrantes solo fomenta las acciones de los grupos criminales.
Es fundamental que esta crisis impulse un cambio de enfoque, donde los intereses gubernamentales se dividan para dar prioridad a los derechos humanos y la protección de la vida, en lugar de permitir un statu quo que propaga la violencia y el delito. La seguridad en la frontera no se trata solo de quién cruza, sino de quién permite que el cruce sea una sentencia de riesgo.

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