No es un capricho, es necesidad: Trabajadores del poder judicial de la CDMX mantienen pulso firme

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Redacción: Naome Zavala  

La Ciudad de México es testigo de un persistente conflicto laboral que mantiene paralizadas las actividades del Poder Judicial. Los trabajadores han rechazado de manera categórica el segundo llamado del presidente magistrado Rafael Guerra para retomar sus labores, anunciando la prolongación de su paro hasta, por lo menos, el 30 de junio. Su mensaje es claro y resuena con una convicción inquebrantable: no regresarán a sus puestos hasta que se satisfagan sus demandas fundamentales, centradas en un aumento salarial digno y la mejora de sus condiciones de trabajo. Esta postura, lejos de ser un arrebato momentáneo, es el resultado de un descontento acumulado a lo largo de los años. 

En una reciente conferencia de prensa en la Ciudad Judicial, ubicada en la alcaldía Cuauhtémoc, los empleados judiciales detallaron las razones de su obstinada resistencia. Aunque se declararon abiertos a entablar un diálogo, lamentaron profundamente la ausencia de propuestas concretas tanto del Gobierno de la Ciudad de México como del propio Tribunal Judicial. Héctor Vélez, uno de los voceros del movimiento, subrayó la postura inquebrantable de las autoridades, quienes se niegan a ceder, escudándose en la falta de fondos y sugiriendo que cualquier incremento tendría que provenir de recortes internos. “No hay condiciones para poder regresar si no se cumplen las exigencias mínimas,” afirmó Vélez, dejando en claro que la responsabilidad de una solución recae ahora en las manos de la administración. 

La inquietud de los trabajadores trasciende las reivindicaciones salariales inmediatas. Daniel Alejandro Borge, otro de los manifestantes, hizo un llamado apremiante a las autoridades para que se alcance un acuerdo antes de la inminente reforma al Poder Judicial, programada para septiembre. Esta reforma promete cambios estructurales significativos y modificaciones en el número de juzgados en la capital, lo que, a decir de Borge, podría diluir o incluso invalidar cualquier acuerdo previo. La incertidumbre que genera este panorama futuro solo fortalece la determinación de los manifestantes para asegurar sus derechos antes de que la estructura judicial se vea radicalmente alterada. 

Los trabajadores han sido enfáticos en desmentir cualquier insinuación de que su paro sea un mero “capricho”. Aseguran que están dispuestos a llegar a las últimas consecuencias, pues el profundo malestar con sus representantes va mucho más allá de los 28 días que lleva este cese de actividades. Para ellos, este movimiento simboliza un “despertar ante la falta de un compromiso institucional para establecer políticas públicas adecuadas” frente a las innumerables reformas impuestas al Poder Judicial. Lejos de fortalecer la institución, estas reformas, argumentan, han propiciado “abusos, violencia de jueces y magistrados, excesos y acosos dentro de su funcionamiento”. 

La situación actual del Poder Judicial de la CDMX es crítica, un fiel reflejo de una profunda insatisfacción con las condiciones laborales y la gestión institucional. La perseverancia de los trabajadores en sus demandas subraya la urgencia de una resolución. El futuro de la impartición de justicia en la capital pende de un hilo, a la espera de que el diálogo se materialice en soluciones tangibles y se evite una escalada mayor que impacte aún más la operatividad de los tribunales. ¿Estarán las autoridades dispuestas a escuchar y ceder antes de que la situación se vuelva insostenible? 

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