Mercado inmobiliario español: déficit valioso y desafíos para la vivienda 

Redacción: Daniela Paredes Rocha 

La falta de recursos ya sea de materia prima o mano de obra, no solo lanza los precios, sino que obliga a las industrias a reorientar fuertemente el capital hacia la innovación, aumentando la búsqueda de cambios y redefiniendo la competencia. 

La economía básica nos enseña que los precios y cantidades de mercado se definen por un cruce de oferta con la demanda. Sin embargo, cuando vemos el mercado inmobiliario español actual, muchos parecen olvidar esta simple lección. El resultado es peligroso y confunde causas y consecuencias que nos limitan a comprender la verdadera naturaleza del problema que confrontamos en este mercado. 

Es comprensible que el actual aumento de la vivienda despierte fantasmas del pasado. Quienes vivieron el boom inmobiliario 2000-2007 reconocen ciertos patrones: precios que aumentan a dos dígitos, dificultando el acceso para los jóvenes, conversaciones llevadas por el mercado inmobiliario. Así pues, no podemos culpar a nadie de estar inclinado a pensar que estamos ante una repetición de aquella burbuja. 

Los datos son relevantes; algunos de los estudios así lo demuestran, como el elaborado por la oficina de investigación de Caixa Research o cómo se puede leer en el libro “Tres millones de viviendas” de Jorge Galindo. A diferencia del boom, en estos momentos existe un déficit de vivienda entre 515.000 y 765.000 unidades. Y es que la construcción apenas ha podido albergar al 20% de los nuevos hogares formados. El resto ha tenido que recurrir a la reconversión de viviendas secundarias, al 4% de parques de vivienda principal y el 39% de incremento de precios observados. 

Recientemente, hemos visto estas dinámicas en mercados tan diversos como el de las tarjetas gráficas durante el boom de las criptomonedas o el de mascarillas al inicio de la pandemia. En todos estos casos, un desequilibrio entre oferta y demanda no solo eleva los precios, sino que busca atraer actores únicos interesados en capitalizar la escasez, exacerbando aún más el problema original. 

La solución al problema no reside en atajos ni remedios mágicos. La única forma de evitar que el mercado inmobiliario complete su transformación en algo irreal es abordando la raíz del problema: el déficit de oferta. 

Pero mientras se espera que la oferta se acople, un proceso que inevitablemente llevará años en completarse, debemos ser conscientes de los riesgos. Cada mes que pasa en el mercado en su estado actual es un mes en que más viviendas pasan a manos de inversores, un mes en que más jóvenes ven incompletas sus perspectivas vitales, un mes en que la vivienda se aleja un poco más de su función social elemental. 

La historia económica nos enseña que los mercados transformados por la escasez ocasionalmente vuelven a su estado original por sí solos. Requiere participación decidida o, en su defecto, crisis fuertes que reseteen las expectativas. En el caso de viviendas, un bien fundamental para la cohesión social y el bienestar individual, no podemos permitir esperar una segunda opción. El reconocimiento de que enfrentamos un problema de oferta, no una burbuja tradicional, es el primer paso. Actuar con la urgencia que la situación demanda es el imperativo del momento. 

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