Redacción: Regina De Quevedo
Política Federal: El ciclo sexenal revela una dinámica peligrosa donde el aplauso automático inicial, impulsado por el discurso triunfalista y la fabricación de lealtades, neutraliza la deliberación y la verificación de resultados. Sin embargo, al llegar a la mitad del periodo, la realidad de las violencias crónicas y los datos publicados por fuentes como INEGI y la sociedad civil comienzan a erosionar la narrativa de éxito. Esta desconexión entre la propaganda y la evidencia observable culmina al final del sexenio, cuando incluso los defensores iniciales se ven forzados a cuestionar el fracaso institucional y la impunidad, evidenciada por el colapso de fiscalías y las cifras de victimización.
Así como en economía se pretende romper el ciclo para estabilizar en seguridad, se propone romperlo para reconstruir el país.
A diferencia de la economía, en términos de seguridad, los costos son excesivos y de cierto modo previsibles. En economía, constantemente se habla con frecuencia de políticas contracíclicas y se trata de aquellas políticas, acciones o variables que se oponen a las tendencias naturales de un ciclo económico para reducir los altibajos de la economía con medidas políticas de estabilización.
Desde el sexenio de Felipe Calderón, la política federal de seguridad ha seguido repitiendo un ciclo previsible de tres etapas que se explicarán a continuación:
- Etapa 1 (años 1 a 3): aplausos
- Etapa 2 (años 3 y 4): dudas y preocupaciones
- Etapa 3 (años 4 y 6): decepción
Así como en economía se pretende romper el ciclo para lograr estabilidad, en seguridad es importante romperlo para reconstruir. El problema es que, a diferencia de la economía, en seguridad no se ha aprendido a cómo hacerlo, debido a que los costos son excesivos y, de cierta manera, previsibles.
La primera etapa del ciclo es la más dañina: el problema no inicia con el aplauso en sí, sino con el aplauso automático, que va acompañado de resultados no comprobados, sino por propaganda que fabrica lealtades. Al inicio de cada sexenio se crea una conexión poderosa entre el discurso triunfalista y el anhelo social de que ahora todo será mejor. En esta situación, replantear los “éxitos” oficiales queda a un lado de la conversación pública, solo que sea algún evento escandaloso que provoque una duda fugaz.
En la mitad del sexenio surgen dudas y preocupaciones, ya que el discurso del éxito ya no funciona frente a las violencias crónicas que cualquiera puede ver, más los datos publicados constantemente por fuentes oficiales como Inegi e independientes (academia, sociedad civil, periodismo) que dan a conocer la profundidad de diversos hechos. En esta etapa comienzan a surgir preguntas de quienes afirmaban que “todo sería mejor”, no porque no lo hubieran verificado, no porque habían decidido creerlo. En este momento es posible observar un fenómeno interesante de cómo la narrativa triunfalista no se reduce en las vocerías oficiales, sino en los actores mediáticos y aliados informales del gobierno, que comienzan a cuestionarse sus decisiones.
En la etapa final del sexenio surge otro comportamiento recurrente; quienes al principio se enfocaron en proteger al Gobierno de cualquier crítica, son los primeros en preguntarse qué fue lo que paso. El ciclo demuestra como el aplauso inicial neutraliza la deliberación e impide la comprobación de los supuestos logros. Y cuando la evidencia de la impunidad, violencia e ineficacia institucional ya no puede esconderse más, se refleja en los datos sobre victimización, subdenuncia y el colapso de las fiscalías documentado por el INEGI.
Actualmente, nos encontramos en la etapa de aplauso, ya que una y otra vez nos repiten que esperemos los resultados antes de cuestionar y se propone lo contrario, cuestionar desde el principio para evitar el final que ya todos conocemos. Una verdadera política para reconstruir en seguridad implicaría reemplazar el aplauso por decisiones de Estado que apliquen mecanismos de comprobación desde adentro y desde afuera del aparato de seguridad, tomando en cuenta el momento en que se diseña y comienza a trabajar la maquinaria sexenal.

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